El frío de la cordillera no daba tregua en los salones superiores de Colmillo de Plata, pero en la Cámara del Consejo Menor el ambiente era denso, sofocante y cargado de una tensión contenida que hacía vibrar las lámparas de bismuto rúnico. A diferencia de las grandes asambleas donde la nobleza del sur acudía a rendir pleitesía, este recinto estaba reservado exclusivamente para la alta cúpula militar y los veedores contables del imperio.
En el centro de la estancia, sobre la inmensa mesa de gra