Mundo ficciónIniciar sesiónElara Jones nunca tuvo suerte en la vida. Criada en un orfanato desde bebé, sin nadie que realmente se preocupe por ella trata de ganarse la vida de cualquier manera para sacar a su bebé adelante, pero como siempre el destino es impredecible. Sin dinero para pagarse la inscripción de la universidad y quedando desempleada, ella piensa que nada más le puede pasar en un día, ¿La vida no es tan cruel verdad? Pero como para Elara nada es fácil, mientras se va quejando de lo desafortunado de su vida, es casi arrollada por un pelirrojo de ojos grises y fríos que la culpa por el casi accidente. Rowan Doone, un apuesto heredero que su mayor preocupación es encontrar una esposa antes de que su abuelo muera, odia de inmediato a quien se interpuso en su camino. Siendo cruel, pero no tanto, decide llevar a la quejosa mujer a un hospital y pronto se da cuenta que fue la peor decisión que pudo haber tomado en su vida. Su abuelo quien estaba en el hospital toma la situación como quiere y deduce que Elara, esa chiquilla de cabello desordenado, ojos chispeantes y altanería ruidosa es la prometida de Rowan y él sin poder aceptar que todavía no tiene una prometida, fuerza a Elara a aceptarlo como su pareja. Una mujer que estaba destinada a ser una lacra más de la sociedad y un hombre que está destinado a convertirse en el rey del mundo empresarial. Dos polos opuestos, dos personalidades que no se topan y dos mundos diferentes, ¿Cómo terminará esto?
Leer más―Lo siento, señorita, la beca le ha sido denegada. —Esas palabras abrieron un agujero negro bajo sus pies.
Elara tomó el papel con el costo de la matricula y el pago de cada mensualidad, dichas cifras jamás las había visto en su vida, era demasiado para una persona como ella. ¿Cómo se supone que lograría ser alguien en la vida? ¿Cómo logrará ella cambiar su vida si ni siquiera tiene para pagar el alquiler del maltrecho apartamento donde vive? Una sonrisa más que triste fue tediosa, ella es exactamente lo que los demás dicen, una pobre huérfana que nunca saldrá de la miseria por mucho que se esfuerce y madre soltera hasta que se muera. Ella siempre estará en el fondo de la sociedad, siendo solo una mancha más. ―¿Se puede saber por qué llegas tan tarde? ―La voz irritada la sacó de sus pensamientos. ―El jefe te quiere ver en su oficina, ahora. ―Esa era su vida, constantemente siendo menospreciada por cualquiera que se cruzara en su camino. Con pies arrastrados se encaminó a ese lugar donde no recibía más que gritos e insultos del patán de su jefe. Sabía que había llegado tarde, pero ella pidió el permiso y se lo concedieron, ¿Cuál era el problema ahora? Tras la pregunta tocó la puerta. ―Pase. ―Ordenó la voz firme del otro lado. ―¿Me llamó, jefe? ―El hombre regordete, con bigote desaliñado y mal aspecto, alzó la mirada y la posó en la pelinegra parada en la puerta. ―Has llegado tarde, otra vez. ―Le recordó con ese tono que fastidiaba de más a Elara. ―Yo le pedí permiso y usted… ―¿Y por eso debes llegar a las horas que te dan las ganas? ―La cortó. ―Odiø que se aprovechen de mi bondad, Elara. ―Con lentitud se puso en pie y con pasos calculados se fue acercando a ella. ―Y yo te he perdonado infinidades de errores. ―Tomo un riso de la melena de Elara y tras tirar de él lo soltó. ―Sé que necesitas el trabajo, pero ya no puedo seguir dándote oportunidades y… ―Por favor. ―Elara ignoró la cercanía del detestable hombre. ―No puedo perder el trabajo, prometo que no llegaré más tarde. ―Imploró. ―No iré a la universidad, así que trabajaré todo lo que necesite. ―El hombre al ver su desesperación supo que era su oportunidad. ―Sabes que no tienes que pasar por estas cosas, Elara. ―Su atrevimiento estremeció a Elara, él se ha acercado demasiado para su gusto. ―Yo podría ayudarte con la renta, te daría comida y podrías ir hasta a la universidad. ―Elara quedó sin respiración. No era la primera vez que un jefe se le insinuaba de esa manera, no era la primera vez en la que se veía en esa posición y entonces esas palabras que le dijeron los demás cuando los rechazó azotaron en su cabeza “Siempre vivirás así y la única manera de evitarlo es que te conviertas en la zorrä de alguien que esté dispuesto a darte un poco de lo que tiene a cambio de un poco de sexø” Ella temía terminar de esa manera, no deseaba quedar siendo lo que todos decían, pero ¿Qué podía hacer? A todos los que rechazó la dejaron sin trabajo y después de eso la calle fue su hogar. ¿Podría ella sobrevivir a eso nuevamente? ¿Debía aceptar la propuesta del asqueroso hombre? ¿Debería implorarle que le dé una oportunidad más? Toda duda se borró de su cabeza cuando el desagradable y torpe beso de su jefe por poco la asfixia. ―¡No vuelva a tocarme! ―Gritó después de quitárselo de encima tras darle una patada en los bajos. ―No soy una zorrä y por supuesto no me acostaré con usted por dinero. ―¡Lárgate de aquí! ―Rugió el hombre rojo del dolor. ―Estás despedida, malditä negrä asquerosa. ―Elara abrió la puerta y corrió al ver las intenciones de su jefe de golpearla. ―¡Te acusaré de ladrona! ―Los trabajadores de la cafetería y algunos clientes miraron la escena atónitos. El hombre estaba rojo corriendo tras Elara mientras se sostenía los bajos y ella corría sin mirar atrás. ―¡Carajøs! ―Gritó al estar un poco lejos de la cafetería y de los gritos de su jefe. ―¿Por qué siempre me pasa a mí? ―Miró al cielo quien en respuesta dejó caer un repentino aguacero. ―¡Genial, no puede pasarme algo peor! ―Sin mirar a los lados se tiró para cruzar la calle aún quejándose del mundo entero y entonces un ruido de neumáticos frenando fue lo último que escuchó. ―Mierdä. ―El hombre que iba distraído con el móvil al oído frenó en seco. ―Abuelo, no puedo discutir esto ahora, te llamo después. ―Mas te vale traerme a esa muchacha lo antes posible, yo estoy muriendo y no pienso dejarle mi fortuna a un solterón e irresponsable como tú. ―Hablamos después. ―Cerró la llamada sin discutir la amenaza de su abuelo. ―¿Estás ciega acaso? ―Bajó del costoso auto y miró a la mujer de piel morena, cabello rizado revuelto tendida en el piso. ―¡Ni siquiera te golpeé! ―Maldijø en voz alta, pensó en dejarla ahí, después de todo ella se lanzó, pero en contra de su bien juicio y tras darle una patadita en el culo y ver que no se movía, la tomó en brazos y la metió al coche para abandonarla en una clínica, no necesitaba más problemas. ―La gente de este país está loca, ¿Cómo pueden andar por ahí jorobando la vida de los demás? ―Estaba furioso. Elara que había desmayado por la impresión de ver el auto a gran velocidad venir hacia ella, suspiró con cansancio, no sabía dónde estaba, pero el frescor y la cómoda cama le gustaba demasiado, pero algo de esa comodidad no se sentía bien para ella y abrió los ojos de golpe, ella jamás había estado tan cómoda y estarlo no era buena suerte, no para ella. ―Dios mío. ―Susurró al verse en una habitación demasiada pulcra para su gusto y los aparatos en su brazo la alteraron más. ―No, esto no puede ser una clínica. No… no… no… Esto será costoso. ―Casi enloqueció. ―¿Quién fue el tonto que me trajo aquí? ―Sabía que debía dejarte en medio de la calle. ―Esa voz ronca, seria e irritada captó su atención de inmediato. Su pelo rojo, sus ojos grises y fríos, su semblante serio, su altura, su cuerpo y su belleza, ese hombre era la perfección personificada. Rowan Doone miró esos ojos color miel desconcertados y endureció más su gesto, ¿Por qué lo mira como si fuera el diablo? Aquella pregunta que se hizo a sí mismo le causó gracia, es así como el mundo entero lo ve. ―¿Eres un demonio y vienes a sacarme del cielo? ―La pregunta de Elara lo descolocó. ―Porque si es así voy a pelear, ¡Ya me toca algo bueno? ―Llamaré a la doctora. ―Y ahí estaba nuevamente ese tono de voz que dejaba sin respirar a Elara o a cualquier mujer. ―Creo que la caída te provocó una contusión. ―Dio media vuelta y abrió la puerta, pero lo que vio lo dejó de piedra. ―¿Abuelo? ―Mis hombres te vieron llegar con una preciosa jovencita en brazos. ―El anciano no pidió permiso, echó a su nieto a un lado y entró. ―Quiero conocer a la prometida de mi heredero.El calor de Dubái no daba la bienvenida, golpeaba.Apenas las puertas del aeropuerto se abrieron, una ráfaga de aire caliente envolvió al grupo como una advertencia silenciosa de que estaban lejos de casa.—Esto no es calor, esto es un castigo divino. —Murmuró Felipe, aflojándose el cuello de la camisa con dramatismo. —¿Quién vive aquí voluntariamente?—Gente con dinero. —Respondió Rowan con calma, ajustándose las gafas de sol.—Entonces ya entiendo por qué Lily se quedó. —Añadió Felipe con una sonrisa ladeada. —Siempre tuvo buen gusto.—Y tú siempre has sido un idiøta. —Intervino Rebecca, dándole un leve golpe en el brazo.—Becca, cariño, no destruyas mi esencia.—Tu esencia es el problema.—Ya empezamos… —Murmuró Elara, soltando una risa suave mientras acomodaba al pequeño pelirrojo en su cadera.—Mamá… ¿Esto es un desierto? —El niño, de tres años, miraba todo con ojos enormes, fascinado.—Sí, mi amor.—Hace calor. —Se quejó.—Mucho. —Aceptó Elara sonriendo.—No me gusta. —El pelirr
El despacho de Fergus McGregor estaba sumido en un silencio absoluto, interrumpido únicamente por el leve tic-tac de un reloj antiguo. La luz del atardecer se filtraba por los amplios ventanales, tiñendo de tonos dorados las paredes de madera oscura. Todo en aquel lugar reflejaba orden, control y disciplina, exactamente como su dueño.Sobre el escritorio reposaba un sobre blanco con bordes dorados. Impecable, elegante y curiosamente peligroso.Fergus lo había recibido hacía apenas unos minutos, pero llevaba observándolo como si se tratara de un enemigo al que debía analizar antes de atacar. No necesitaba abrirlo para saber quién lo había enviado. Había reconocido la caligrafía en el instante en que lo sostuvo entre sus manos.Durante un año entero había logrado mantenerla fuera de sus pensamientos, o al menos eso se había repetido para sobrevivir. Había enterrado su recuerdo bajo rutinas, misiones y silencios, convenciéndose de que dejarla ir había sido lo correcto, pero el destino te
Flashback La sala del tribunal estaba en silencio cuando el juez golpeó el mazo.—Se declara culpable al acusado, Angus McRae, por los delitos de suplantación de identidad, fraude, manipulación de pruebas y tentativa de secuestro. Se le condena a quince años de prisión. —El eco de aquellas palabras resonó como un cierre definitivo.Angus permaneció de pie, con las manos esposadas, su mirada cargada de ødio. Sus ojos buscaron a Rowan Doone entre los presentes. Durante un instante, el resentimiento brilló en ellos como una llama agonizante.Rowan no reaccionó. Se limitó a observarlo con frialdad, sosteniendo la mano de Elara. Ya no había rabia en su interior, solo la seguridad de que la justicia había prevalecido. A su lado, Nefty abrazaba la pierna de su padre, mientras el pequeño pelirrojo dormitaba en brazos de su madre.—Se acabó. —Susurró Elara con alivio.—No. —Respondió Rowan, besando su frente. —Ahora empieza todo. —Cuando los guardias se llevaron a Angus, el pasado quedó atrás
—¡Malditø seas! —Rugió, su rostro deformado por la rabia. —¡No puedes quitarme esto!—Nunca fue tuyo. —Rowan lo miró con una serenidad letal.—¡Me lo debes! —El ødio ardió en la mirada de Angus. —¡Me debes todo! —Gritó con furia.—¿De qué estás hablando? —Elara frunció el ceño, confundida.Angus soltó una risa amarga, cargada de resentimiento.—De él. —Señaló a Rowan con desprecio. —Del hombre que destruyó mi vida.—Ni siquiera te conozco. —Rowan lo miró con el ceño fruncido.—¡Exacto! —Rugió Angus. —Eso es lo que más ødio. ¡Ni siquiera sabías a quién estabas arruinando! —El silencio se volvió opresivo. —Hace años. —Continuó Angus, con la voz cargada de veneno. —Tenía un proyecto revolucionario. Era el trabajo de toda una vida, la oportunidad de expandir la empresa de mi familia, pero entonces apareciste tú y lo arrebataste sin siquiera mirarme a los ojos.—Si perdiste un contrato. —Rowan lo observó con frialdad. —Fue porque no eras lo suficientemente competente.—¡Mentira! —Bramó Ang
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