La tranquilidad del despacho se interrumpió con solo una presencia. No hubo anuncio, garraspeo o toques a la puerta.
Rowan alzó la cabeza y encontrarse con esa mirada gris y fría lo hizo suspirar.
—¿Qué haces aquí, abuelo? —Cerró la carpeta de un movimiento.
—Es muy osada tu pregunta, Rowan. —Thomas caminó lento, preciso y firme. —Raya hasta lo imprudente. —Rowan apretó la mandíbula con fuerza y se limitó a verlo sentarse justo frente a él. —¿Debo recordarte que sigo siendo el dueño y señ