Las semanas pasaron más rápido de lo que cualquiera esperaba.
Dubái dejó de sentirse ajeno. Las rutinas se formaron, las risas volvieron a ser constantes y, desde fuera, todo parecía perfectamente acomodado, pero por dentro… nada estaba en calma.
El ambiente en la terraza privada de la villa era pesado esa noche.
El cielo estaba despejado, la ciudad brillaba abajo como un mar de luces y el aire cálido apenas movía las cortinas.
Rowan estaba recargado en la baranda, con una copa en la mano, mira