Escocia amaneció con su cielo gris, su aire frío y una paz que ninguno de ellos sabía que necesitaba hasta que la tuvo.
Había pasado exactamente un año desde aquella boda caótica en Dubái.
Un año desde que todo cambió y ahora, todo estaba en su lugar.
La casa McGregor —porque ahora también era de Lily— estaba llena de vida. No de lujo exagerado ni de perfección artificial, sino de algo mucho más valioso: familia.
—¡No corras! —La voz de Elara se alzó desde el jardín.
—¡Sí puedo! —Respondió