Las cosas estaban tensas y quien más lo notaba era Thomas. Su nieto siempre había sido un amargado, pero ahora era más que eso; estaba siendo un grosero, gruñón e irritante persona.
Elara tampoco se quedaba atrás; jamás había conocido a una persona tan cabezota. No comprendía cómo un cuerpo tan pequeño podía albergar una cabezonería tan grande como la de esa muchacha y ni hablar de ese temperamento que se carga.
Ya no sabía por dónde más seguir; había intentado hablar con ambos, usó a Nefty l