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Capítulo 2: El Demonio Escocés

Lara que estaba a punto de mandar a la mierdä al maleducado y grosero hombre abrió los ojos de par en par al escuchar al anciano hablar.

―¿Qué? ―Ella bastante nerviosa empezó a reír con incredulidad. ―Yo no…

―Abuelo. ―Rowan la cortó, la mujer le caía mal por haber arruinado su día, pero vio la oportunidad perfecta. ―Ella no está bien, ¿De acuerdo? Hablaremos después y…

―Por supuesto que no estoy bien. ―Elara se hizo notar nuevamente. ―¡Su demoniaco nieto por poco me atropella! ―Rowan la miró con advertencia por el poco respeto que le estaba teniendo a un hombre tan poderoso como lo es su abuelo y el anciano en cambio estaba divertido por el desparpajo de la jovencita. ―No sé lo que está pasando aquí, pero yo…

―Está molesta conmigo. ―Rowan la cortó nuevamente. ―Déjame solucionar las cosas con ella, prometo que iremos a cenar esta misma noche. ―Elara estaba tan alucinada que solo abría la boca y la cerraba sin que las palabras salieran de ella, sus ojos ya comenzaban a arder de los abiertos que los tenía, pero ni eso bastaba para salir de su incredulidad.

―Bien, siendo así me iré tranquilo. ―El hombre se acercó más a Elara, lo suficiente como para tomar sus pequeñas y delicadas manos entre la suyas viejas y cansadas. ―Es un placer finalmente conocerte, preciosa. ―El beso en la frente privó de toda voluntad a Elara, ella quedó fría por aquel acto tan delicado y sin malicias.

―Antes de que te vayas. ―Rowan captó la atención de su abuelo para que se separara de la extraña. ―¿Qué haces en un hospital?

―Ya te lo dije. ―El hombre agrandó la sonrisa. ―Soy viejo y me estoy muriendo. ―Tras guiñarle salió de la habitación.

Rowan miró a Elara quien todavía estaba en shock e impulsado por saber que hacia su abuelo ahí salió tras de él dándole la oportunidad perfecta a Elara de huir.

―No sé quién es esta gente loca, pero yo aquí no me quedo. ―Empezó a quitarse los aparatos del brazo mientras recorría la habitación buscando su ropa y tras verla en el sofá empapada no le importó, bajó de la cama y empezó a vestirse lo más rápido posible. ―Con mi suerte son secuestradores que sacan órganos. ―Estaba convencida de eso y no se quedaría para ver el desenlace.

Lista para iniciar su escape, Elara abrió la puerta dispuesta a correr, pero una espalda ancha y fuerte la hizo retroceder por el golpe que se dio. El gorila giró y la miró desde su altura haciéndola ver aún más pequeña de lo que era.

―El jefe a ordenado que lo espere dentro. ―Aquella voz no era de un hombre normal esa era una bestia en el cuerpo de un humano, ella estaba segura de eso. ―Por favor, obedezca.

―Usted me va a disculpar, buen hombre. ―Pasó saliva con dificultad. ―Pero yo a su jefe no lo conozco de nada y…

―Elara Jones. ―Esa voz que ya se le había grabado en la cabeza la tensó. ―Criada en un orfanato desde bebé, estás sola en el mundo. ―Ella fue retrocediendo a medida que Rowan caminaba de frente. ―Con solo diecinueve años ha sido despedida de más de cinco empleos siendo el ultimo a causa de robo. ―Ladeó la sonrisa. ―Tres meses de renta atrasadas y no tiene ni donde caerse muerta.

―No soy ladrona. ―Fue lo único que pudo refutar. ―No me conoce.

―¿Segura? ―Le mostró los documentos moviéndolos para que se hicieran notar. ―Creo que sí lo hago. ―Elara pasó saliva, ¿Cómo pudo él investigarla tan rápido? ¿Quién es el pelirrojo que tiene al frente? ―Las cosas serán así, Elara Jones. ―Cuando ella ya no tuvo a donde huir a causa de la cama, él se detuvo a dos pasos de ella, mostrando lo intimidante que es. ―Tú te convertirás en mi esposa, vendrás conmigo a escocia, conocerás a mi familia y serás la mejor compañera que puede existir.

―¿Qué? ―Elara por poco olvida la tensión y se echa a reír. ―¿Está jugando conmigo? ―Ella simplemente no podía creer que hubiera gente tan loca. ―No haré nada de lo que usted dice.

―¿Segura? ―Enarcó una ceja. ―Tu jefe te busca para meterte a la cárcel por robarle dinero.

―¡Es mentira! ―Se defendió.

―Eso no me importa. ―Fue tan frio y cruel como todos lo creían. ―Acepta ser mi esposa, no tienes opción.

― ¿Qué? ¿acaso me obligará a hacerlo? ―Lo miró a los ojos conteniendo las lágrimas, ¿Por qué le pasaban esas cosas a ella?

―Si lo quieres ver de esa manera, es tu problema. ―Le dio la espalda. ―Yo lo veo como un escape de la cárcel. ―Empezó a caminar. ―Es hora de irnos, mi abuelo es un hombre al que no le gusta esperar.

―¿Y que hay si le digo toda la verdad a ese pobre anciano que no sabe el monstruo que tiene por nieto? ―Rowan detuvo sus pasos, nunca nadie lo había amenazado antes, nadie demás de su abuelo.

―Entonces te haré vivir el peor infierno de tu vida. ―La miró por sobre su hombro. ―No solo irás a la cárcel como ese hombre desea, sino que, al salir no encontrarás rincón en el mundo donde empezar de nuevo. ―Elara por poco solloza, pero no podía hacerlo.

―Ni siquiera sé nada de usted, ¿Cómo se supone que me haga pasar por su prometida? ―Rowan miró a su hombre y este le tendió una carpeta a Elara.

―Ahí tienes todo lo que debes saber de mí, tienes un par de horas para aprendértelo. ―Elara miró el nombre del documento y su corazón se alteró, ella deseaba morirse. Ese loco que la está obligando a ser su esposa es el mismísimo heredero de las empresas internacionales Doone. ―La historia de cómo nos conocimos te la dejo a ti. ―Empezó la marcha, pero a Elara no solo la detenía el miedo por caer en las manos del demonio escoces como es conocido en el mundo de los negocios, ella tiene algo más que debe proteger, algo de lo que pocas personas saben.

―No pudo hacerlo. ―Rowan giró listo para dejarle las cosas claras, pero la mirada temerosa de Elara lo contuvo. ―Tengo una hija. ―Rowan miró de inmediato a su hombre, esa información no se le fue dada.

―Lo siento, señor. ―El hombre se disculpó de inmediato, avergonzado por su mediocre trabajo. ―Usted me lo pidió a la brevedad y la manera más fácil fue preguntarles a sus compañeros.

―¿Cuánto años tiene? ―Rowan apretó los puños, no podía quedar como un mentiroso ante su abuelo.

―Un año, la traje al mundo ocho meses después de cumplir mis veinte años años.

―¿Quién es el padre? ―Las mejillas de Elara se encendieron en un rojo carmesí, ella no se arrepentía de su hija, pero si de la manera en la que la procreó.

―No lo sé.

―¡Genial, elegí a una zorrä!

―No me ofenda. ―Elara lo miró con furia. ―Estaba ebria y creo que él también, ni siquiera recuerdo como era, es la única vez que he estado con un hombre.

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