Mundo ficciónIniciar sesiónAlina Veremont fue prometida antes de nacer a un hombre que jamás aprendió a amar. Darian Volkov, heredero de un poderoso reino, es frío, distante y completamente inaccesible. Para él, el matrimonio es solo un acuerdo… y Alina, una obligación que nunca pidió. Pero lo que comienza como una unión sin emociones pronto se convierte en un campo de batalla silencioso donde el orgullo, el deseo y el dolor chocan constantemente. Él la rechaza. Ella se resiste. Y aun así, la atracción entre ambos crece de forma peligrosa. Entre miradas que queman, palabras que hieren y secretos que amenazan con destruirlo todo, Alina descubrirá que amar a Darian puede romperla… o transformarla para siempre. Porque en un juego donde uno ama y el otro huye, alguien siempre termina perdiendo.
Leer másAlina Veremont siempre había sentido que su vida estaba escrita… pero nunca imaginó que ya estaba decidida incluso mucho antes de nacer.
La mansión familiar era un lugar hermoso, pero sofocante. Cada rincón estaba diseñado para impresionar, cada objeto tenía historia, cada gesto tenía reglas. Desde pequeña, Alina había aprendido a caminar con elegancia, a hablar con precisión y, sobre todo, a obedecer. Pero aquella noche… todo lo que creía estable se derrumbó. El sonido del reloj indicaba que eran las ocho cuando su abuela pidió verla en el salón privado. No era algo común. Las conversaciones importantes siempre ocurrían allí, lejos de los oídos del personal y de las apariencias. Alina entró con una ligera inquietud. —¿Me llamaste? —preguntó suavemente. Su abuela estaba sentada junto a la ventana, con la espalda recta, como siempre. Su presencia imponía respeto sin necesidad de levantar la voz. —Siéntate, Alina. Ese tono… no era normal. Alina obedeció, sintiendo cómo una presión invisible comenzaba a instalarse en su pecho. —¿Cómo estás? Que raro, muy pocas veces alguien se tomaba el tiempo de preguntarle cómo se encontraba, ni siquiera en un día tan importante como hoy. Eso fue una de las muchas cosas que le indicaban que algo iba mal. —Hoy cumples veinte años —continuó la mujer sin esperar que la chica siquiera pensara que decir —. Ya es momento de que sepas la verdad. Un escalofrío recorrió la espalda de Alina. —¿Qué verdad? Su abuela giró el rostro lentamente hacia ella. —Tu vida… nunca fue completamente tuya. Silencio. El corazón de Alina dio un golpe fuerte contra su pecho. No sabía de qué hablaba la anciana. —No entiendo. La anciana suspiró, como si llevara años preparando ese momento. —Antes de que nacieras, tu familia hizo un acuerdo con otra familia igual de poderosa. Alina sintió que el aire se volvía pesado. —¿Un acuerdo… de qué tipo? La respuesta llegó con una calma devastadora. —De matrimonio. El mundo se detuvo. Literalmente. —No… —susurró Alina, negando con la cabeza—. No, eso no puede ser real. —Lo es. —¿Con quién? Su voz salió más débil de lo que esperaba. —Con el heredero del reino de Saldovia. El nombre aún no había sido dicho… pero ya pesaba. —¿Quién? —Darian Volkov. El impacto fue brutal. Un príncipe. Un desconocido. Un hombre que no había visto nunca. —No lo conozco —dijo Alina, como si eso cambiara algo. —No es necesario. —¡Claro que lo es! Se puso de pie de golpe, sintiendo cómo la rabia comenzaba a quemarle por dentro. —¡No puedes decidir con quién voy a casarme! Su abuela no se inmutó. —Ya está decidido. —¡Yo no acepto! —No se trata de aceptar. Y no es una pregunta Alina , te casarás. Silencio. El tipo de silencio que pesa. Que aplasta. Alina sintió que algo dentro de ella se quebraba. —No voy a hacerlo. —Te casarás en dos meses. Dos meses. Dos meses para perder su vida. Dos meses para convertirse en la esposa de un hombre que no conocía. —Esto es una locura —murmuró, llevándose una mano al pecho—. No puedes obligarme. Su abuela la miró con una frialdad que nunca antes había visto. Y eso era mucho decir. —No entiendes lo que está en juego. —Entonces explícame, no me obliguen a hacer esto. —Nuestra familia no solo mantiene una imagen. Mantiene poder. Y ese poder depende de esta unión. Alina cerró los ojos un segundo. Cuando los abrió… ya no era la misma. —Entonces no soy una persona. Silencio. —Soy un trato. La anciana no respondió. Y eso… fue suficiente. Porque en ese momento, Alina entendió la verdad más dolorosa de todas: Nunca había sido libre.Alina no durmió bien esa noche.No fue por el silencio del palacio ni por alguna preocupación externa, sino por la conversación en la terraza que no lograba dejar atrás. Había sido breve, incluso sencilla en apariencia, pero suficiente para alterar algo que había estado intentando mantener bajo control.“No quiero nada.”La forma en que Darian lo dijo seguía presente.No sonó como indiferencia.Tampoco como orgullo.Sonó como una decisión.Y eso era lo que la incomodaba.Porque si él realmente había decidido dar un paso atrás, entonces todo lo que ella había estado defendiendo dejaba de tener el mismo sentido. No había presión que rechazar, ni insistencia que detener.Solo quedaba ella.Y lo que no estaba dispuesta a admitir.La mañana llegó sin darle respuestas.Alina se preparó como siempre, siguiendo cada paso de su rutina con precisión, como si el orden externo pudiera compensar el desorden interno que empezaba a hacerse más evidente.Se presentó en el desayuno, participó en conve
Los días siguientes transcurrieron sin incidentes visibles. El palacio continuó con su rutina habitual, las reuniones se llevaron a cabo sin interrupciones y las interacciones entre familias siguieron su curso como si nada hubiera cambiado. Desde fuera, todo parecía mantenerse en equilibrio. Pero para Alina… no era así. Había tomado una decisión, y la estaba cumpliendo. No buscaba a Darian, no reaccionaba a su presencia más allá de lo necesario y mantenía cada conversación dentro de un límite claro que no permitía desviaciones personales. Su comportamiento era impecable, exactamente lo que se esperaba de alguien en su posición. Y, sin embargo, esa estabilidad tenía un costo. Porque sostener esa distancia requería un esfuerzo constante, uno que no se notaba desde afuera, pero que se acumulaba con cada encuentro evitado y cada palabra que elegía no decir. Darian, por su parte, no volvió a insistir. No hubo más interrupciones inesperadas, ni intentos de forzar conversaci
Ella no volvió a verlo ese día.Y, aun así, no logró dejar de pensar en él.Había algo en la forma en que se marchó —sin insistir, sin imponer su presencia como antes— que resultaba más inquietante que cualquier discusión. No fue una retirada tranquila, pero tampoco fue un enfrentamiento. Fue algo intermedio, algo que dejaba preguntas abiertas en lugar de respuestas claras.Y eso era lo que más le molestaba.Porque estaba acostumbrada a saber en qué posición se encontraba frente a las personas. Sabía cómo reaccionar ante la presión, cómo responder a la frialdad, cómo sostenerse frente a la indiferencia.Pero estono encajaba en ninguno de esos escenarios.Intentó concentrarse en otras cosas durante el resto del día, en conversaciones que no requerían demasiado esfuerzo y en actividades que llenaban el tiempo sin exigirle demasiado pensamiento. Sin embargo, cada intento terminaba en lo mismo: un momento de distracción seguido por ese recuerdo insistente que volvía sin pedir permiso.La
Alina no volvió a buscarlo después de esa conversación.No porque hubiera logrado aclarar lo que sentía, sino porque entendió que acercarse más solo complicaría algo que ya estaba fuera de su control. Mantener distancia era lo único que aún podía decidir por sí misma, y por primera vez en días, esa idea le dio una sensación mínima de estabilidad.Sin embargo, evitarlo no significaba olvidarlo.Cada vez que recorría el palacio, cada vez que escuchaba su nombre en boca de alguien más, algo en su interior reaccionaba con una rapidez que no podía detener. No era una emoción clara, ni siquiera algo que pudiera definir con facilidad, pero estaba ahí, constante, interfiriendo con la calma que tanto le había costado construir.Por eso, cuando el duque de Arven volvió a buscarla, no lo rechazó.No porque quisiera acercarse a él de verdad, sino porque necesitaba demostrarse que aún podía elegir sin que Darian influyera en cada una de sus decisiones.—Pensé que no aceptarías —dijo el duque cuand
Último capítulo