Inicio / Romance / Encadenada a tu frialdad / CAPÍTULO 3: Rechazo elegante
CAPÍTULO 3: Rechazo elegante

El compromiso fue anunciado como un cuento de hadas.

Alina lo supo desde el momento en que vio el salón principal del palacio transformado en un espectáculo de luces, flores y elegancia exagerada. Todo estaba perfectamente diseñado para impresionar: candelabros brillando como estrellas, música suave flotando en el aire y decenas de invitados importantes conversando con sonrisas calculadas.

Era hermoso.

Era perfecto.

Y era completamente falso.

—Recuerda sonreír —murmuró una de las asistentes mientras ajustaba el vestido de Alina por última vez.

Como si lo necesitara.

Alina observó su reflejo en el espejo.

El vestido era impecable. Ajustado, elegante, digno de una futura princesa. Su cabello caía en ondas suaves sobre sus hombros y su maquillaje resaltaba cada rasgo con precisión.

Se veía… perfecta.

Pero no se sentía así.

Porque debajo de toda esa perfección…

había una jaula.

—Estoy lista —dijo finalmente, aunque ni ella misma creyó sus palabras.

Cuando salió al salón, todas las miradas se posaron en ella.

Era inevitable.

Sus pasos fueron firmes, medidos, elegantes… tal como le enseñaron toda su vida.

Pero su atención no estaba en la gente.

Estaba en él.

Darian Volkov.

De pie al otro lado del salón, vestido con un traje oscuro perfectamente entallado, hablando con un grupo de hombres importantes. Su presencia era dominante, silenciosa, casi intimidante.

No necesitaba llamar la atención.

Ya la tenía.

Cuando sus miradas se cruzaron…

todo el ruido desapareció.

Solo por un segundo.

Pero fue suficiente.

No hubo sonrisa.

No hubo reconocimiento.

Solo esa misma mirada fría que la había recibido horas antes.

Alina desvió la vista primero.

No por debilidad.

Sino por decisión.

Porque no iba a darle más de lo que él le ofrecía: nada.

—Es hora —indicó una voz cerca de ella.

La música cambió.

Más lenta.

Más formal.

Y entonces entendió.

El primer baile.

Caminó hacia él con el corazón latiendo más fuerte de lo que quería admitir.

Darian extendió la mano.

No había emoción en su gesto.

Solo obligación.

Alina dudó un segundo…

y luego la tomó.

El contacto fue inmediato.

Cálido.

Firme.

Y completamente inesperado.

Porque no coincidía con la frialdad de su mirada.

Darian la acercó con precisión, colocando su otra mano en su cintura con una seguridad que hizo que Alina se tensara apenas.

—Relájate —murmuró él, lo suficientemente bajo para que solo ella lo escuchara—. Estás demasiado rígida.

Alina levantó la mirada hacia él.

—Tal vez porque esto no es exactamente algo que quiera hacer.

Darian no reaccionó.

Siguió moviéndose con la música, guiándola con una facilidad que dejaba claro que estaba acostumbrado a ese tipo de eventos.

—No es necesario que lo quieras —respondió—. Solo que lo hagas bien.

El comentario le cayó como un golpe.

—Qué considerado.

—Es práctico.

Silencio.

La música continuaba, pero entre ellos… todo estaba cargado.

—Míralo como una alianza —añadió él—. Nada más.

Alina lo observó fijamente.

—¿Eso es lo que soy para ti?

Darian no dudó.

—Sí.

Directo.

Sin suavizar.

Sin pensar en cómo podía afectar.

Alina sintió el impacto en el pecho, como si alguien hubiera presionado justo donde más dolía.

Pero no lo mostró.

Nunca lo haría.

—Qué conveniente —dijo, manteniendo la voz firme.

—Lo es.

Sus movimientos seguían siendo perfectos, sincronizados… casi automáticos.

Pero algo había cambiado.

La cercanía.

La forma en que sus cuerpos se movían tan cerca.

El calor de su mano en su cintura.

Todo eso contrastaba demasiado con sus palabras.

—No causes problemas —murmuró él de repente.

Alina frunció ligeramente el ceño.

—No me des razones para hacerlo.

Darian la miró entonces.

De verdad.

No como antes.

No superficialmente.

Sino como si estuviera intentando entender algo.

Y eso… la desconcertó.

—No te confundas —susurró, inclinándose apenas hacia ella—. Esto no significa nada.

Su voz rozó su oído.

Y por alguna razón…

eso sí tuvo efecto.

Alina sintió un leve escalofrío recorrerle la espalda.

Pero no se permitió reaccionar.

No frente a él.

—Tranquilo —respondió, separándose apenas—. No eres tan importante.

Mentira.

Pero necesaria.

La música llegó a su fin.

Y con ella… el momento.

Darian soltó su mano sin decir nada más.

Como si ese contacto nunca hubiera ocurrido.

Como si ella no hubiera sentido nada.

Como si él no hubiera sentido nada.

Alina retrocedió un paso.

Y entonces lo vio.

A su alrededor, la gente sonreía, aplaudía, comentaba lo perfectos que se veían juntos.

Un cuento de hadas.

Una pareja ideal.

Una mentira perfecta.

Y en ese instante, algo dentro de Alina se acomodó.

Una decisión.

Fría.

Clara.

Peligrosa.

Si él iba a tratarla como una obligación…

ella dejaría de intentar ser algo más.

Si él no iba a sentir…

ella tampoco lo haría.

O al menos…

eso se prometió.

Pero en el fondo…

muy en el fondo…

algo le decía que eso no sería tan fácil.

Porque el problema no era el matrimonio.

Ni el acuerdo.

Ni siquiera él.

El problema…

era lo que empezaba a pasar cuando estaban demasiado cerca.

Y eso…

era algo que no podía controlar.

Sigue leyendo este libro gratis
Escanea el código para descargar la APP
Explora y lee buenas novelas sin costo
Miles de novelas gratis en BueNovela. ¡Descarga y lee en cualquier momento!
Lee libros gratis en la app
Escanea el código para leer en la APP