Mundo de ficçãoIniciar sessãoDarian no era un hombre que perdiera el control.
Nunca lo había sido. Desde pequeño le enseñaron a medir cada palabra, cada gesto, cada reacción. Las emociones no eran debilidades que pudiera permitirse… eran errores. Y él no cometía errores. Por eso, lo que estaba sintiendo ahora… no tenía sentido. Estaba en su despacho, de pie frente al ventanal, con las manos detrás de la espalda y la mirada perdida en los jardines del palacio. El paisaje era perfecto. Ordenado. Exacto. Todo estaba en su lugar. Excepto él. Porque su mente no estaba en los documentos sobre su escritorio. Ni en las reuniones pendientes. Ni en nada que realmente importara. Estaba en ella. Alina. En la forma en que lo había mirado esa tarde. En la forma en que había hablado. En la forma en que… no había reaccionado. Eso era lo que más le molestaba. No el desafío. No las palabras. Sino la falta de todo eso. —Ridículo —murmuró para sí mismo. Pero no lograba apartarlo. Porque algo había cambiado. Antes, Alina reaccionaba. Discutía. Respondía. Lo enfrentaba. Había algo vivo en ella. Ahora… no. Y eso lo irritaba más de lo que debería. Mucho más. —Alteza —interrumpió una voz desde la puerta—. La reunión está lista. Darian no se movió. —Cancélala. Hubo un pequeño silencio. —Pero es importante— —He dicho que la canceles. El tono no admitía discusión. —Sí, alteza. La puerta se cerró. Silencio otra vez. Pero esta vez… más pesado. Darian pasó una mano por su mandíbula, tenso. No le gustaba esto. No le gustaba no entender. Y mucho menos… no controlar. Se giró bruscamente. Ya sabía dónde encontrarla. Alina estaba en el jardín. Sentada en uno de los bancos de piedra, con el mismo libro de antes en las manos. Pero no estaba leyendo. Simplemente miraba hacia el frente, como si estuviera en otro lugar. Tranquila. Demasiado tranquila. Darian se acercó. Sin prisa. Pero con un objetivo claro. Se detuvo frente a ella. Esperando. Nada. Alina no levantó la mirada. No dijo nada. No reaccionó. —¿Ahora también me ignoras? —dijo finalmente. Ella pasó la página. Con calma. —No. —Lo parece. —Entonces es tu problema. La respuesta fue inmediata. Fría. Natural. Eso… le molestó. —No tienes derecho a hablarme así. Alina levantó la mirada lentamente. Y lo miró. Pero no como antes. No había desafío. No había emoción. Solo… distancia. —Tú tampoco. Silencio. El aire cambió. Darian dio un paso más cerca. —Estás cambiando. —No. —Sí. Alina cerró el libro. —Solo dejé de insistir. Las palabras fueron simples. Pero el impacto… no. Porque eran verdad. Y eso era lo que más le molestaba. —No es necesario que lo hagas —respondió él con rigidez. —Exacto. Otra vez. Esa calma. Esa facilidad. Como si nada importara. Como si él no importara. Darian apretó la mandíbula. —Esto no es un juego. Alina se levantó lentamente. Quedando frente a él. —Nunca lo fue para mí. Silencio. —Entonces compórtate como tal. —Lo estoy haciendo. Darian la observó fijamente. Intentando encontrar algo. Cualquier cosa. Pero no había grietas. No había emoción visible. Nada. —No me gusta esta actitud. La confesión salió antes de que pudiera detenerla. Y eso… solo empeoró todo. Porque ahora era evidente. Alina arqueó ligeramente una ceja. —No es mi problema lo que te guste o no. El golpe fue limpio. Directo. Y completamente inesperado. Darian dio otro paso hacia ella. Reduciendo la distancia. —Eres mi responsabilidad. Alina no retrocedió. Pero tampoco reaccionó. —No. —Lo eres. —Soy tu obligación —corrigió ella con calma—. Y estoy cumpliendo. Silencio. Darian sintió algo tensarse dentro de él. Algo incómodo. Algo nuevo. —No es suficiente. Alina lo miró. Por primera vez… con algo distinto. No era dolor. No era rabia. Era… cansancio. —Entonces eso ya no depende de mí. Las palabras fueron suaves. Pero pesadas. Demasiado. Darian no supo qué responder. Y eso… eso no pasaba. Nunca. Alina dio un paso a un lado. Dispuesta a irse. —Esto no termina aquí —dijo él, casi como una advertencia. Ella se detuvo apenas. Sin girarse. —Para mí sí. Y siguió caminando. Dejándolo atrás. Otra vez. Pero esta vez… fue diferente. Porque no había tensión. No había expectativa. No había nada. Y eso… eso fue lo que realmente lo afectó. Darian se quedó inmóvil en medio del jardín. Con la mirada fija en el lugar donde ella había estado. Y por primera vez en mucho tiempo… algo no estaba bajo su control. Porque no sabía qué hacer cuando alguien dejaba de intentar. No sabía cómo reaccionar cuando ya no lo buscaban. Y definitivamente… no sabía por qué le molestaba tanto. Pero lo hacía. Y eso… era un problema.






