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CAPÍTULO 9: Demasiado cerca

Alina no pensaba en él.

O al menos…

eso intentaba.

Después de lo ocurrido en el ala este, caminó por los pasillos del palacio con la misma calma que había estado manteniendo los últimos días. Su postura seguía siendo impecable, su expresión neutra.

Pero por dentro…

no estaba tan tranquila.

—No te acerques a él.

Las palabras de Darian seguían repitiéndose en su cabeza.

No por la orden.

No.

Sino por la forma en que lo dijo.

No fue frío.

No fue calculado.

Fue…

intenso.

Y eso era lo que no encajaba.

—Ridículo —murmuró para sí misma mientras entraba a una de las salas privadas del ala oeste.

Cerró la puerta detrás de ella, buscando un momento de silencio, de espacio, de control.

Lo necesitaba.

Se acercó a la mesa central y apoyó las manos sobre la superficie, inclinándose ligeramente hacia adelante.

Respiró.

Intentó ordenar sus pensamientos.

Intentó recuperar la distancia.

Pero algo había cambiado.

Y lo sabía.

—No significa nada —susurró.

Pero no sonó tan convincente como antes.

Un sonido detrás de ella la hizo tensarse.

La puerta.

Abriéndose.

Alina no necesitó girarse para saber quién era.

—No tienes la costumbre de tocar antes de entrar —dijo, manteniendo la mirada al frente.

La puerta se cerró.

—No cuando se trata de ti.

Su voz.

Cerca.

Demasiado cerca.

Alina se giró lentamente.

Darian estaba allí.

De pie frente a la puerta, con la misma postura firme de siempre… pero con algo distinto en la mirada.

Más oscura.

Más tensa.

Más… peligrosa.

—¿Qué quieres? —preguntó ella.

Directa.

Sin rodeos.

Darian no respondió de inmediato.

Se acercó.

Paso a paso.

Sin prisa.

Como si el espacio entre ellos fuera algo que necesitaba reducir.

—No terminamos de hablar.

—Yo sí.

Alina se enderezó, cruzando los brazos con calma.

—Entonces te equivocas.

—No.

Darian se detuvo a pocos pasos de ella.

—Sí.

Silencio.

Tenso.

Pesado.

—No me gusta que me ignores.

La confesión fue baja.

Pero clara.

Alina arqueó ligeramente una ceja.

—No es mi problema.

—Lo es.

—No.

Darian dio otro paso.

Y luego otro.

Hasta que la distancia entre ellos dejó de ser segura.

Alina no retrocedió.

No iba a hacerlo.

Pero su cuerpo…

sí reaccionó.

Su respiración se volvió apenas más profunda.

—¿Por qué él sí y yo no? —preguntó Darian de repente.

El golpe fue directo.

Inesperado.

Alina lo miró fijamente.

—Porque él no me trata como si no existiera.

Silencio.

Darian apretó la mandíbula.

—No lo conoces.

—Y aun así fue más agradable en diez minutos que tú en días.

Eso fue suficiente.

Darian cerró la distancia de golpe.

Tomándola del brazo.

Firme.

Sin suavidad.

Alina se tensó inmediatamente.

—Suéltame.

—No.

El tono fue bajo.

Pero cargado.

—No tienes derecho—

—¿Y él sí?

La interrumpió.

Su voz estaba más cerca ahora.

Demasiado cerca.

Alina sintió el calor de su cuerpo, la firmeza de su agarre, la intensidad en su mirada.

Todo.

Demasiado.

—No se trata de él —dijo, intentando mantener la calma—. Se trata de ti.

—¿De mí?

—Sí.

Alina sostuvo su mirada.

—Tú decidiste que no soy nada.

Silencio.

—Así que no actúes como si te importara ahora.

El impacto fue claro.

Darian no soltó su brazo.

Pero su mirada cambió apenas.

—No dije que no importaras.

—Dijiste suficiente.

Sus voces eran bajas.

Cercanas.

Casi mezclándose.

—Eres mi responsabilidad.

—No quiero serlo.

Esa respuesta…

lo detuvo un segundo.

Uno muy corto.

Pero suficiente.

Alina aprovechó para intentar soltarse.

Pero él no lo permitió.

Su agarre se tensó apenas.

—No puedes simplemente ignorarme.

—Mírame.

Lo dijo sin elevar la voz.

Pero fue una orden.

Y por alguna razón…

Alina obedeció.

Sus miradas se encontraron.

De verdad.

Sin filtros.

Sin distancia.

Sin nada que ocultar.

Y ahí…

todo se volvió más complicado.

Porque no era solo tensión.

Era algo más.

Algo que ninguno de los dos estaba listo para enfrentar.

—Esto no puede ser así —murmuró él.

Alina frunció ligeramente el ceño.

—¿Así cómo?

Darian no respondió de inmediato.

Su mirada bajó un segundo.

A sus labios.

Y volvió a subir.

Ese gesto…

lo cambió todo.

El aire se volvió más pesado.

Más lento.

Más peligroso.

—Darian… —susurró ella.

No como advertencia.

No del todo.

Él no respondió.

Pero tampoco se movió.

Y su agarre…

seguía ahí.

Firme.

Constante.

Alina sintió su pulso acelerarse.

Y eso…

no le gustó.

No en lo absoluto.

—Suéltame —dijo esta vez, más bajo.

Más serio.

Más real.

Darian la sostuvo un segundo más.

Como si dudara.

Como si estuviera en una línea que no debía cruzar.

Y entonces…

la soltó.

De golpe.

Dando un paso atrás.

Como si necesitara distancia.

Como si él mismo se hubiera sorprendido.

El silencio que siguió fue distinto.

No tenso.

No desafiante.

Era…

incómodo.

Real.

—No vuelvas a hacer eso —dijo Alina, recuperando el control.

Darian no respondió.

Solo la miró.

Como si estuviera procesando algo.

Como si no entendiera del todo qué acababa de pasar.

Y eso…

eso era lo más peligroso de todo.

Porque no era algo planeado.

No era controlado.

Era impulsivo.

Y en alguien como él…

eso no era normal.

—Aléjate —añadió ella.

Esta vez…

sí retrocedió.

Un paso.

Luego otro.

—Esto no se queda así —dijo finalmente.

Pero ya no sonaba igual.

Alina lo sostuvo.

—Entonces aprende a controlarte.

El golpe fue limpio.

Y esta vez…

no hubo respuesta.

Darian se giró.

Y salió de la habitación sin decir nada más.

Dejándola sola.

Otra vez.

Pero diferente.

Alina se quedó inmóvil unos segundos.

Mirando la puerta cerrada.

Y luego…

miró su brazo.

Donde él la había sujetado.

El calor seguía ahí.

Persistente.

Molesto.

Peligroso.

—Esto se está saliendo de control… —murmuró.

Y por primera vez…

no estaba segura de quién era el problema.

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