El cambio de Alina ya no era sutil.
Era evidente.
Y lo peor…
era que nadie más parecía notarlo.
El palacio seguía funcionando con la misma perfección de siempre. Los sirvientes cumplían sus tareas, los eventos continuaban, las reuniones no se detenían.
Todo seguía igual.
Excepto él.
Darian caminaba por los pasillos con una tensión constante en el cuerpo, como si algo no encajara… como si algo estuviera fuera de su alcance.
Y eso no le gustaba.
No le gustaba en absoluto.
—¿Dónde está Alina? —pre