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CAPÍTULO 4: Lo que no debería sentirse

El evento terminó, pero la sensación no.

Alina caminó por los pasillos del palacio con pasos firmes, aunque por dentro todo estaba desordenado. Las luces ya no eran tan brillantes, la música había desaparecido y el silencio volvía a ocupar cada rincón.

Pero su mente…

seguía en ese salón.

En ese baile.

En ese momento.

Se detuvo frente a una de las enormes ventanas que daban al jardín. Afuera, la noche caía con elegancia sobre Saldovia, cubriendo todo con una calma engañosa.

Respiró hondo.

Una vez.

Dos.

Tres.

No estaba funcionando.

Porque no era el evento lo que le molestaba.

Era él.

La forma en que la había mirado…

La forma en que la había tocado…

La forma en que, a pesar de su frialdad, había logrado desestabilizarla.

—No significa nada.

Sus propias palabras se repitieron en su cabeza.

Pero no se sentían tan firmes como antes.

—Claro que no significa nada —murmuró para sí misma, cruzándose de brazos.

Y aun así…

lo había sentido.

Ese leve cambio en el aire cuando estaban demasiado cerca.

Esa tensión que no podía explicarse.

Esa contradicción entre lo que él decía… y lo que su presencia provocaba.

—Ridículo.

Sacudió la cabeza, intentando recuperar el control.

No podía permitirse eso.

No con él.

No en esa situación.

Porque sentir… sería un error.

Uno que no estaba dispuesta a cometer.

—Deberías estar descansando.

La voz la tomó por sorpresa.

Alina giró ligeramente.

Darian.

Apoyado contra una de las columnas, como si llevara allí más tiempo del que parecía.

Observándola.

Siempre observándola.

—Podría decir lo mismo de ti —respondió ella, recuperando rápidamente su postura.

Él se acercó lentamente.

Sin prisa.

Como si el espacio entre ellos no fuera importante.

—Estoy acostumbrado a este tipo de eventos.

—Yo no.

—Lo noté.

El comentario fue seco.

Sin intención de suavizar.

Alina entrecerró los ojos.

—¿Y eso qué significa?

Darian se detuvo a pocos pasos de ella.

—Que te afecta más de lo que deberías permitir.

El golpe fue sutil… pero preciso.

Alina sintió cómo algo se tensaba dentro de ella.

—No sabes nada sobre lo que debería o no debería afectarme.

—Lo suficiente.

Silencio.

Otra vez.

Ese silencio cargado que parecía perseguirlos.

—No necesito tu análisis —añadió ella con firmeza.

Darian inclinó ligeramente la cabeza.

—No es un análisis. Es una observación.

—Pues deja de observarme.

Esa vez…

él no respondió de inmediato.

Sus ojos se detuvieron en ella de una forma distinta.

Más fija.

Más profunda.

Y eso…

la incomodó más de lo que debería.

—Eso sería difícil —dijo finalmente.

Alina sintió que su pulso se aceleraba apenas.

—¿Por qué?

Darian dio un paso más cerca.

Demasiado cerca.

—Porque eres mi futura esposa.

Las palabras eran las mismas de siempre.

Frías.

Controladas.

Pero la distancia…

no.

Alina no retrocedió.

No iba a hacerlo.

—Eso no te da derecho a invadir mi espacio.

—No lo estoy invadiendo.

—Claro que sí.

Silencio.

Corto.

Tenso.

Peligroso.

Darian bajó ligeramente la mirada hacia sus labios… solo un segundo.

Pero fue suficiente.

Porque Alina lo notó.

Y algo dentro de ella reaccionó.

Algo que no debía.

—No te acerques más —dijo en voz baja.

No sonó como una orden.

Sonó como una advertencia.

Pero no estaba claro… si era para él… o para ella misma.

Darian no se movió.

Pero tampoco se alejó.

—Entonces aléjate tú.

El desafío estaba ahí.

Directo.

Sin esconderse.

Alina apretó ligeramente la mandíbula.

Y no se movió.

Porque si retrocedía…

perdía.

Y ella ya había perdido demasiado.

—Esto no cambia nada —murmuró.

—Nunca dije que lo hiciera.

—Entonces compórtate como si no importara.

Darian la observó un segundo más.

Y entonces…

hizo algo inesperado.

Se inclinó apenas.

Lo suficiente para que su voz rozara su oído.

—No eres tú la que debería preocuparse por eso.

El calor de su cercanía contrastaba demasiado con la frialdad de sus palabras.

Alina sintió un escalofrío recorrerle la espalda.

Pero no se apartó.

No podía.

No quería.

Y eso…

eso era el problema.

Darian se alejó entonces, como si nada hubiera pasado.

Como si ese momento no hubiera existido.

—Descansa —dijo simplemente, antes de girarse y comenzar a caminar.

Y así, sin más…

la dejó sola.

Otra vez.

Alina se quedó inmóvil.

Mirando el espacio donde él había estado segundos antes.

Y por primera vez desde que todo esto había comenzado…

no estaba enojada.

No exactamente.

Estaba confundida.

Porque el rechazo era fácil de manejar.

La indiferencia… también.

Pero esto…

esto era distinto.

Esto no tenía nombre.

No tenía reglas.

Y definitivamente…

no tenía control.

Alina cerró los ojos un segundo.

Y cuando los abrió…

una verdad incómoda se instaló en su mente:

El problema no era Darian.

El problema…

era que empezaba a afectarle.

Y si eso seguía así…

no sería él quien saliera perdiendo.

Sería ella.

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