Mundo ficciónIniciar sesiónLa distancia volvió.
Pero no de la forma que Alina esperaba. Después de lo ocurrido en la sala privada, todo cambió… otra vez. Pero esta vez no fue ella quien se alejó. Fue él. Darian desapareció de su rutina como si nunca hubiera estado ahí. No coincidían en los pasillos, no compartían comidas, no había encuentros casuales. Nada. Y eso… la inquietaba más de lo que debería. Porque al menos antes había tensión. Antes había palabras. Antes había algo. Ahora… solo había vacío. —Mejor así —se repitió una y otra vez. Pero no se sentía mejor. Los días pasaron lentos. Pesados. Y aunque Alina intentaba mantener su nueva actitud, había algo incómodo creciendo dentro de ella. Una duda. Una molestia. Una sensación que no lograba definir. Hasta que finalmente… lo vio. Fue en el salón principal. Una reunión formal. Personas importantes, conversaciones medidas, sonrisas diplomáticas. Todo normal. Hasta que entró él. Darian. Impecable como siempre. Frío. Controlado. Como si nada hubiera pasado. Como si aquella noche… no hubiera existido. Alina lo observó desde la distancia. Y algo dentro de ella se tensó. Pero no se movió. No lo buscó. No reaccionó. No esta vez. —Señorita Veremont —saludó una mujer a su lado—, su presencia está siendo muy comentada. Alina sonrió ligeramente. —Espero que en buenos términos. —Por supuesto. Conversaciones vacías. Palabras sin peso. Todo eso dejó de importar en el momento en que sintió su mirada. Darian. Observándola. Desde el otro lado del salón. Fijo. Intenso. Como si estuviera analizando algo. Alina sostuvo la mirada. Sin bajar la vista. Sin ceder. Pero esta vez… fue diferente. Porque él no la ignoró. No se apartó. No actuó como si no importara. Se acercó. Directo. Sin rodeos. El aire cambió a su alrededor cuando se detuvo frente a ella. —Alina. Su nombre en su voz… sonó distinto. Más bajo. Más controlado. —Darian —respondió ella con la misma calma. Las personas alrededor comenzaron a dispersarse discretamente. Nadie quería quedar atrapado en algo que claramente no era una simple conversación. —Necesitamos hablar. Otra vez. Pero esta vez… no sonó como una orden. Sonó como una necesidad. Alina lo notó. Pero no reaccionó. —No. Silencio. Corto. —No es una solicitud. —Para mí sí. El choque fue inmediato. Darian dio un paso más cerca. —Esto no puede seguir así. Alina lo miró. —Fuiste tú quien decidió eso. —No fue— Se detuvo. Apretó la mandíbula. Como si las palabras no encajaran. —Lo de ayer… —empezó finalmente. Alina sintió su cuerpo tensarse apenas. Pero no lo mostró. —No pasó nada —lo interrumpió. Darian frunció el ceño. —Sí pasó. —No. —Alina— —Fue un error. Silencio. Total. Las palabras quedaron suspendidas entre ellos. Pesadas. Frías. Irreversibles. Alina sostuvo su mirada. Sin titubear. —Un momento sin importancia —continuó—. Algo que no debió pasar. El golpe fue directo. Pero no había terminado. —Y no volverá a pasar. Darian no reaccionó de inmediato. Pero algo en su expresión… cambió. Leve. Pero real. —No puedes decidir eso tú sola. —Claro que puedo. —No. —Sí. El aire se volvió más pesado. Más denso. Más difícil de respirar. —No significó nada —añadió ella, bajando apenas la voz—. Así que no entiendo por qué quieres hablar de eso. Y ahí… lo rompió. Porque no fue solo rechazo. Fue negación. Fue borrar lo que pasó. Fue quitarle cualquier peso. Darian la miró fijamente. Como si buscara algo. Cualquier cosa. Pero no había nada. Alina no le estaba dando nada. —Entonces deja de actuar como si importara —finalizó ella. Silencio. Un segundo. Dos. Tres. Y entonces… él cambió. Su expresión se endureció. Su mirada se volvió fría. Más fría que antes. —Tienes razón. La respuesta fue baja. Controlada. Peligrosa. —Fue un error. Alina sintió algo apretarse dentro de su pecho. Pero no reaccionó. —No volverá a pasar. Las mismas palabras. Devueltas. Pero ahora… dolían distinto. Más. —Y será mejor que lo recuerdes —añadió él. Directo. Sin suavizar. Sin emoción. Otra vez. Otra vez la misma frialdad. La misma distancia. Como si todo lo anterior… nunca hubiera existido. Alina asintió ligeramente. —No te preocupes. No suelo repetir errores. El golpe fue mutuo. Preciso. Silencioso. Pero devastador. Darian la observó un segundo más. Y luego… se giró. Sin decir nada. Sin mirar atrás. Dejándola ahí. De pie. Perfecta. Intacta. Pero por dentro… no tanto. Alina mantuvo la postura. La calma. La expresión. Hasta que estuvo completamente solo. Y entonces… su respiración falló apenas. Solo un segundo. Solo lo suficiente. Para confirmar algo que no quería aceptar. No era el rechazo lo que dolía. Era que, por un instante… había creído que no lo sería. Cerró los ojos un momento. Y cuando los abrió… ya no había duda. Esto no era un juego. No era una historia. No era algo que pudiera controlar. Era peor. Mucho peor. Porque ahora… sí había algo en juego. Y si no tenía cuidado… no sería su orgullo lo que perdería. Sería ella.






