Alina Veremont siempre había sentido que su vida estaba escrita… pero nunca imaginó que ya estaba decidida incluso mucho antes de nacer.La mansión familiar era un lugar hermoso, pero sofocante. Cada rincón estaba diseñado para impresionar, cada objeto tenía historia, cada gesto tenía reglas. Desde pequeña, Alina había aprendido a caminar con elegancia, a hablar con precisión y, sobre todo, a obedecer.Pero aquella noche… todo lo que creía estable se derrumbó.El sonido del reloj indicaba que eran las ocho cuando su abuela pidió verla en el salón privado. No era algo común. Las conversaciones importantes siempre ocurrían allí, lejos de los oídos del personal y de las apariencias.Alina entró con una ligera inquietud.—¿Me llamaste? —preguntó suavemente.Su abuela estaba sentada junto a la ventana, con la espalda recta, como siempre. Su presencia imponía respeto sin necesidad de levantar la voz.—Siéntate, Alina.Ese tono… no era normal.Alina obedeció, sintiendo cómo una presión invi
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