Mundo de ficçãoIniciar sessão—Sígueme el juego y te pagaré. Antes de que él pudiera reaccionar, mis labios ya estaban sobre los suyos...💋 Un beso desesperado a un extraño fue el inicio de mi escape. Rota, humillada y perseguida por un escándalo, hui a Miami para desaparecer. Pero el destino tiene un sentido del humor retorcido: terminé como la asistente financiera del hombre más poderoso de la ciudad... el hermano de aquel extraño que besé en la calle.
Ler maisLa reunión había llegado a su fin y, tal como Ethan lo supuso desde el primer cruce de miradas, Amanda se había negado con firmeza. No era una mujer a la que se le pudiera doblar el brazo solo porque alguien apareciera con un apellido pesado o una silla importante en la mesa. De todas formas, ya no había vuelta atrás. Ethan había sido accionista de Luxor desde el principio. Solo que ella no lo sabía, y él prefería que siguiera así un tiempo más, por estrategia… y también por cobardía. Era más fácil dejar que Amanda creyera que Aaron le había vendido parte de sus acciones, dejar que ella procesara la noticia por pedazos, sin entender todavía la magnitud de lo que Ethan estaba haciendo. Aaron, como si necesitara romper el ambiente antes de que el silencio se volviera peligroso, se incorporó con una energía tranquila. —D
Ethan Van Ness llegó a Luxor con la puntualidad de alguien que necesitaba controlarlo todo… porque por dentro no controlaba nada. La fachada del edificio era impecable, sí, pero lo que lo golpeó de verdad fue el interior. Luxor no se veía como un proyecto de alguien que tuvo suerte, sino como el imperio de alguien que se partió la espalda y no se dejó tumbar. Eso le provocó una punzada extraña, mezcla de respeto y una incomodidad que no quería nombrar. Indudablemente, el sello de Amanda estaba en ese lugar. La sala de juntas ya estaba lista. Los socios estaban acomodados, el proyector encendido, los documentos alineados como si el papel pudiera sostener lo que realmente iba a pasar ahí dentro. Ethan se sentó con calma medida, la espalda recta, el gesto frío. Por fuera era el de siempre. Por dentro, los pies se le movían bajo la mesa con una impaciencia ridícula, como un ad
Ethan se quedó de pie al lado de la cama, mirando a Camila como si la escena fuera la correcta en el papel, pero no en su cuerpo. La luz tenue le dibujaba las curvas con una precisión cruel, de esas que a cualquier hombre le habrían bastado para perder la cabeza. Camila estaba hermosa, relajada, con esa seguridad de quien no duda que lo deseado le va a ser concedido. Y aun así, a Ethan no se le encendía nada en el lugar correcto. Le ardió la rabia en el estómago. Porque el problema no era Camila. El problema era él… y el nombre que se le había quedado atravesado como una astilla. Amanda. Se pasó la mano por el rostro y se obligó a respirar. No podía seguir así, no era justo para Camila, ni para nadie.
Esa imagen seguía intacta, por más que Ethan intentara enterrarla bajo negocios, ciudades nuevas y mujeres diferentes. La boca de Amanda en la boca de Daniel. El mismo Daniel que llevaba años queriendo destruirlo, el mismo que podía sonreírle a Ethan con cara de hermano y apuñalarlo al mismo tiempo. El recuerdo era un golpe sucio, y lo peor era lo que su mente hacía después, porque no se quedaba con lo que vio, sino que intentaba completar lo que no vio. Por años se torturó imaginando lo que habían hecho esa noche, porque Amanda no apareció sino hasta el día siguiente, sin una llamada, sin un mensaje, sin una explicación que le devolviera el aire. Ethan apretó la baranda con fuerza. No. No iba a hacerse más daño del necesario. Se había ido porque no esta
Ethan Van Ness llevaba tanto tiempo durmiendo a medias que ya ni siquiera recordaba cómo se sentía un descanso real. Casi cinco años. Cinco años repitiéndose que lo correcto era seguir adelante, que lo correcto era no mirar atrás, que lo correcto era no volver a meterse en la misma historia que lo dejó roto. Y aun así, bastaba una imagen para que todo regresara. Una boca que no era la suya. Una mentira que no terminó de explicar. Un beso que él no debió ver… pero vio. Ethan se quedó un segundo mirando el techo, con el cuerpo tibio por las sábanas y la mente demasiado despierta, y supo que ya no había forma de seguir postergándolo. Se incorporó despacio para no hacer ruido. A su lado, Camila dormía profundamente, de lado, con el cabello desordenad
La frase cayó con una naturalidad tan absurda que a Amanda le costó un segundo procesarla. “El padre.” Se le tensó el cuello y, por reflejo, giró el rostro hacia Ethan. Él ni siquiera parecía consciente del terremoto que acababa de provocar. Hablaba como quien comenta el clima, con esa calma fría que le quedaba perfecta… y que a ella le revolvía el estómago. Amanda tragó saliva. Porque la verdad quiso saltarle de la lengua como un animal encerrado. No era Ethan Donovan. No era el doctor. No era el hombre que había llegado corriendo, el que Noah abrazaba sin miedo, el que le daba paz a su rutina. El “padre” era otro. Y estaba ahí, frente a ella, diciendo esa palabra como s





Último capítulo