No me hagas esto.
La frase cayó con una naturalidad tan absurda que a Amanda le costó un segundo procesarla.
“El padre.”
Se le tensó el cuello y, por reflejo, giró el rostro hacia Ethan.
Él ni siquiera parecía consciente del terremoto que acababa de provocar. Hablaba como quien comenta el clima, con esa calma fría que le quedaba perfecta… y que a ella le revolvía el estómago.