Mundo de ficçãoIniciar sessãoSelina es una mujer curvy que ha aprendido a sobrevivir en un mundo que la subestima. Su vida da un giro inesperado cuando Ares, un hombre frío, autoritario… y con un aura imposible de ignorar, entra en su mundo. Lo que empieza como una atracción peligrosa pronto se convierte en un vínculo que ninguno de los dos puede dejar atrás. Entre secretos, tensión y pasión, Selina descubrirá que algunas conexiones están destinadas, aunque rompan todas las reglas conocidas. Él es el Alfa de una manada que odia a los humanos. Ella es una humana curvy que desconoce la existencia de lo sobrenatural. Sus mundos colisionan cuando el destino se encapricha en unir lo que parece imposible.
Ler maisSelina llevaba horas despierta, cada vez que cerraba los ojos, su mente la traicionaba con sueños cada vez más vividos.Ella veía jaulas, veía las manos arrancando a Lyra del suelo, veía el rostro de su madre inmóvil sobre la cama y como una sombra la absorbía.El dolor ya no venía solo con los pensamientos, se había instalado dentro de ella y lo más difícil, sería, soltarlo.La aldea estaba en silencio, las fogatas se habían apagado en su mayoría, solo quedaban las brasas vivas, latiendo y chispeando ocasionalmente con la brisa. Selina caminaba descalza sobre la tierra fría, con una manta ligera sobre los hombros y una mano apoyada instintivamente en su vientre.—No tengas miedo… — Susurró Selina, sin saber si se lo decía a sí misma o al pequeño que llevaba dentro.Pero el miedo estaba ahí, no el miedo a morir, el miedo a fallar otra vez.Había aceptado intentar entrenar su poder de nuevo, no porque creyera en rituales, ni en destinos, ni en palabras antiguas, sino porque Ly
Algo que no se veía muy seguido en la manada, estaba sucediendo, un par de lujosos autos, habían entrado al claro, anunciando la llegada de los padres de Liana.Los lobos más antiguos se enderezaron, los jóvenes bajaron la voz, y los ancianos ocuparon sus lugares con solemnidad, mostrando respeto al linaje que acababa de cruzar el límite del territorio.Liana los vio llegar desde la escalinata de piedra, su padre, el Alfa Aron, caminaba primero, alto, recto, con el porte de un lobo que había aprendido a sobrevivir en la política más que en la guerra. Su madre, la luna Vera, avanzaba a su lado, impecable, con el rostro sereno y los ojos atentos.Ambos observaron el claro, vieron a lo lejos unas jaulas, los guerreros y luego, observaron a Eros.Liana descendió para recibirlos.—Padre. Madre. — Saludó Liana, dándoles un abrazo medido.En el ambiente, no había emoción desbordada, solo evaluación, parecía un supervisor que aparecía para hacer una auditoría.—Así que este es el n
Ares estaba sentado sobre un tronco caído, con los brazos cruzados mientras su mirada impasible se paseaba por los rostros que tenía al frente. El fuego improvisado de una fogata apenas iluminaba los rostros de los que estaban allí reunidos.Leo se mantenía a su lado, mientras que el joven lobo herido estaba sentado frente a ellos, con la espalda vendada de forma rudimentaria. Dos muchachos más, apenas recién salidos de la adolescencia, observaban atentos, tensos, mirando alrededor del bosque cada pocos segundos, como si temieran que el enemigo apareciera de la nada.—No somos los únicos… — Contó uno de los jovencitos, rompiendo el silencio. — Hay más, muchos más de los que crees.—Habla. — Ares lo observó fijamente.—Después del castigo a nuestro compañero… — El joven tragó saliva, al tiempo que apretaba los puños. — Después de ver lo que Eros le hizo a Darien, algo en nosotros se rompió… No fue solo por el látigo, fue la forma en que Eros sonrió, por la forma en que nos m
Selina se despertó sin saber cuánto tiempo había pasado, fue un despertar brusco lento y pesado, como si su cuerpo hubiera decidido volver antes que su mente. El fuego del centro de la aldea ya no ardía con la misma fuerza, mientras que la luz del día que iniciaba, se filtraba entre las chozas con un tono apagado, cercano al anochecer.Ella se estiró, sentándose sobre una piel extendida en el suelo y allí se quedó por un momento, sola, pensativa.Por primera vez desde que había sido capturada, no había manos sujetándola, ni capucha, ni barreras, ni puertas cerradas y aun así, nunca se había sentido tan prisionera.Luego de tomarse un momento, Selina se levantó, camino un poco por el lugar, recorriendo la pequeña aldea, todos la miraban desde la distancia con curiosidad.Ella necesita espacio, necesitaba vivir su dolor, así que se alejó de la aldea, dirigiéndose a un despeñadero que había a un lado de la montaña y se sentó en la orilla para ver salir el sol.El pecho le dolía, n
Lyra estaba enrollada en un rincón del hueco oscuro en el que la habían metido, sus brazos amarraban sus piernas, su cabeza estaba metida entre las rodillas.Ella tenía cansancio, miedo, hambre y los músculos entumecidos por el frío que hacía en ese lugar, estaba en una cueva oscura, envuelta en piedras, moho y humedad, atrapada tras una reja como si estuviera en prisión.¿Por qué? ¿Qué había hecho de mal ella? Lyra no dejo de pensar en la advertencia que le había hecho Selina, ¿Por qué fue tan obstinada y no escuchó a su hermana? ¡Claro! Porque tenía que salvar a su madre y ni siquiera fue capaz de entregarle la bombona de oxígeno.Una lágrima más resbaló por la mejilla de Lyra al imaginarse las posibilidades, ¿Qué habría pasado con su madre? De pronto, dos hombres entraron en la oscuridad de la cueva alumbrando con unas antorchas en la mano, para Lyra, eran rudos y de aspecto algo descuidado.—Llegó tu hora… — Gruñó uno de los hombres, esbozando una sonrisa llena de autosuf
La oscuridad fue lo primero que Selina reconoció al despertar, pero está vez no se trataba de un sueño, era la oscuridad de una capucha, que la mantenía enceguecida.El aire le raspó la garganta cuando respiró hondo, el lugar olía a humo y a tierra húmeda.Ella intentó moverse y un mareo inmediato le cruzó la cabeza, obligándola a quedarse quieta. Selina estaba sentada sobre la tierra, tenía los brazos libres, las piernas también, pero una tela áspera todavía le cubría el rostro, presionándole los pómulos y la frente.El corazón le golpeaba el pecho con fuerza, ¿Qué había pasado? ¿Dónde estaba? ¿A dónde la habían llevado? Y sobre todo, ¿Qué había pasado con su hermana?—Lyra… — Susurró Selina, con la voz quebrada y débil, rota después de tantos gritos y tanto llanto.No hubo respuesta, nadie dijo nada, Selina escuchó unos pasos lentos, nadie corría, no se escuchaban gritos, aullidos o cadenas, como cuando la manada de Ares llegó a la cabaña por ella, todo lo contrario, estos e





Último capítulo