Selina llevaba horas despierta, cada vez que cerraba los ojos, su mente la traicionaba con sueños cada vez más vividos.
Ella veía jaulas, veía las manos arrancando a Lyra del suelo, veía el rostro de su madre inmóvil sobre la cama y como una sombra la absorbía.
El dolor ya no venía solo con los pensamientos, se había instalado dentro de ella y lo más difícil, sería, soltarlo.
La aldea estaba en silencio, las fogatas se habían apagado en su mayoría, solo quedaban las brasas vivas, latiendo y