Ares estaba sentado sobre un tronco caído, con los brazos cruzados mientras su mirada impasible se paseaba por los rostros que tenía al frente.
El fuego improvisado de una fogata apenas iluminaba los rostros de los que estaban allí reunidos.
Leo se mantenía a su lado, mientras que el joven lobo herido estaba sentado frente a ellos, con la espalda vendada de forma rudimentaria.
Dos muchachos más, apenas recién salidos de la adolescencia, observaban atentos, tensos, mirando alrededor del bos