Las risas y el suave chocar de las copas de vino resonaban en el gran salón de la Embajada de Japón cuando la pareja entró esa noche. Un candelabro de cristal colgaba del techo alto, bañando la habitación con una luz suave, mientras una orquesta clásica tocaba una melodía elegante en una esquina.
Daven, vestido de forma impecable con un traje Armani negro hecho a la medida, llamó la atención. Varios colegas y figuras importantes se le acercaron, ofreciéndole apretones de manos firmes y saludos c