El Contrato del Dr. Brooks

El Contrato del Dr. BrooksES

Romance
Última actualización: 2026-02-18
Mia Blair  Recién actualizado
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Resumen
Índice

Emma Raves buscaba una residencia tranquila; en su lugar, encontró a Noah Brook, el cirujano cardiotorácico que se convirtió en su peor pesadilla y en su deseo más oscuro. Tras una noche de debilidad que marcó el fin de su inocencia, Emma despierta en un mundo de sospechas. Él reclama la custodia de lo que aún no nace. Él exige un matrimonio que ella no desea. Pero mientras las sombras del pasado y las intrigas de la familia Brook acechan, Emma descubrirá que, detrás de los términos de un contrato frío, se esconde una obsesión que Noah no está dispuesto a dejar ir. ¿Podrá el amor sobrevivir cuando la confianza se rompe en una habitación de hospital?

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Capítulo 1

CAPÍTULO 1: El Código Rojo de mi Vida

Londres no tenía piedad. La lluvia golpeaba el cristal del taxi mientras Emma Raves intentaba, por quinta vez, que su estetoscopio no se enredara con el anillo de compromiso que brillaba en su mano izquierda.

—Llegas tarde, Raves. El St. Thomas no espera a las princesas —se dijo a sí misma, bajando del coche y corriendo hacia la imponente entrada del hospital.

Al cruzar las puertas automáticas, el olor a antiséptico y el sonido de los monitores la recibieron como un bofetón.

—¡Emma! ¡Por aquí, antes de que nos maten! —gritó una voz familiar.

Era Mia Thorne, que agitaba un café como si fuera una bandera de auxilio. A su lado, Cloe Sterling revisaba su tableta con una calma envidiable, mientras Samantha Beckett murmuraba nombres de nervios craneales y Fabricio Conti se retocaba el cabello frente al reflejo de una vitrina.

—Dime que no nos asignaron a la "Zona de Guerra" el primer día —jadeó Emma, uniéndose al grupo.

—Peor —dijo Cloe, levantando la vista—. Nos asignaron a él. El Glaciar. El rompe-corazones-y-carreras.

—¿El Dr. Brook? —preguntó Emma, sintiendo un escalofrío.

—El mismo —confirmó Fabricio con un suspiro dramático—. Dicen que desayuna residentes de primer año y que si pestañeas mal durante una sutura, te manda a esterilizar botes de orina por un mes.

—Chicos, no puede ser tan malo —intentó decir Emma, acomodándose la bata que le quedaba un poco larga—. Es solo un cirujano. Un ser humano que sangra igual que...

—¡R1! ¡A FORMACIÓN! —Un grito estalló desde el pasillo central, cortando las palabras de Emma.

Un hombre caminaba hacia ellos. No, no caminaba, reclamaba el suelo que pisaba. Era altísimo, una torre de autoridad envuelta en una bata blanca impecable. El Dr. Noah Brook se detuvo frente a ellos, y el aire pareció succionarse de la habitación. Sus ojos azul hielo barrieron al grupo con un desprecio clínico.

—Cinco minutos tarde —dijo Noah. Su voz era un barítono profundo que vibraba en el pecho de Emma—. En cirugía, cinco minutos es la diferencia entre una vida y un cadáver para la morgue. ¿Quién es la responsable de este grupo?

Nadie habló. Mia miró al techo, Fabricio a sus zapatos. Emma, sintiendo la presión, dio un paso al frente.

—Fui yo, Dr. Brook. El tráfico en el Puente de Londres estaba...

—No me interesa el clima, Dra... —Noah bajó la vista a la identificación de Emma, entrecerrando los ojos—. Raves. ¿Es usted de cristal, Dra. Raves? ¿O es que el peso de ese diamante en su mano le impide caminar más rápido?

Emma sintió que la sangre le subía a las mejillas. Escuchó a Samantha ahogar un jadeo.

—Mi vida personal no afecta mi velocidad, doctor. Fue un contratiempo logístico.

—En este hospital, su vida personal ha muerto —sentenció Noah, acercándose tanto que Emma pudo oler su perfume: sándalo y algo metálico, como el acero—. Aquí no es la "prometida de alguien". Aquí es un par de manos que no saben sujetar un bisturí. Si vuelve a llegar tarde, no se moleste en entrar. Se irá a casa a jugar a las tacitas con su prometido.

—¡Eso es injusto! —saltó Emma, olvidando su plan de pasar desapercibida—. Mis notas en la facultad fueron...

—Sus notas me sirven para limpiar el suelo de mi quirófano —la cortó él con una frialdad cortante—. Sígame. Ahora. Tenemos un accidente múltiple entrando por Urgencias. Si alguno de ustedes vomita sobre un paciente, está fuera.

Noah dio media vuelta, sus hombros anchos bloqueando la vista del pasillo.

—Vaya bienvenida —susurró Mia al oído de Emma mientras empezaban a trotar para seguirle el paso—. Te tiene en la mira, amiga.

—Es un imbécil —masculló Emma, apretando los puños—. Un ogro con complejo de Dios.

—Sí —añadió Fabricio, alcanzándolas—, pero admite que el imbécil camina como si fuera el dueño del universo. ¡Miren esos hombros!

—Cállate, Fabricio —dijeron Emma y Cloe al unísono.

Emma miró la espalda de Noah Brook mientras entraban al área de urgencias. El caos estalló: sirenas, camillas volando y gritos de enfermeros. Noah se movía en el centro de todo con una calma aterradora, dando órdenes sin levantar la voz.

Por un segundo, Noah se giró y su mirada chocó con la de Emma. No hubo odio, hubo un desafío eléctrico que la dejó sin aliento.

"Pásame el separador, Raves", ordenó él, señalando una herida abierta en una camilla que acababa de entrar. "Y trate de no desmayarse. No tengo camas libres para residentes inútiles".

Emma tragó saliva, se puso los guantes y se acercó. La guerra en el St. Thomas acababa de empezar.

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CAPÍTULO 1: El Código Rojo de mi Vida
CAPÍTULO 2: El Bautismo del Bisturí
CAPÍTULO 3: El Rito de Iniciación
CAPÍTULO 4: Mediocridad y Diamantes
CAPÍTULO 5: El Peso de un Latido
CAPÍTULO 6: El Silencio de la Resiliencia
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