El Secreto del CEO: Esposa por Obligación

El Secreto del CEO: Esposa por Obligación ES

Romance
Última actualización: 2026-05-11
DaysyEscritora  Recién actualizado
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Resumen
Índice

Un secreto mortal. Un contrato forzoso. Un amor que nace del desprecio. Ian Winchester es el CEO que lo tiene todo, excepto salud. Annie es la mujer que lo vio caer. Ahora, obligada a casarse con el hombre que la mira con desdén, Annie deberá sobrevivir en un nido de víboras mientras cuida al hombre que jura odiarla. En este juego de poder y traición, solo hay una regla: prohibido enamorarse del dueño de tu destino. Pero... ¿Qué pasa cuando es el mismo destino que la lleva a terminar embarazada de trillizos?

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Capítulo 1

01

Los presentes habituados a su mundo, conversaban animadamente entre ellos se movían de un lado al otro buscando interacción social, no cualquier intercambio. Allí, todos apuntaban a lo grande. A diferencia de Annie, la señorita Rothschild, ya no soportaba el Terrible dolor de pies y el ligero dolor de cabeza que comenzaba a intensificarse.

La mujer había estado de aquí para allá en un ajetreo que a cualquiera enloquece. Como asistente junior de la agencia Fitzwilliam, su trabajo consistía en ser la "esclava" perfecta.

—Oh vamos, Annie. Haz lo tuyo —se dio ánimo. 

Acomodó la cinta de su credencial, donde su nombre brillaba bajo el logo ostentoso de la agencia, y dejó escapar un suspiro. Solo necesitaba aguantar un par de horas más. Con su madre en el hospital y las facturas médicas apilándose en la mesa de su pequeña cocina como una montaña infranqueable, perder aquel empleo de sueldo mínimo simplemente no era una opción.

Se adentró en el pasillo de servicio, buscando un atajo hacia los vestidores, cuando un sonido agudo y rasposo la paralizó en seco. Era el sonido aterrador de alguien luchando desesperadamente por respirar. Tal vez solo parte de su imaginación, en todo caso no pudo hacer oídos sordos.

—¿Qué ha sido eso? —susurró y pronto descubrió, en medio de sus pasos llenos de cautela, que aquel sonido le pertenecía a ese hombre que estaba de rodillas contra la pared y con rapidez descubrió que era él. 

Se trataba de Ian Winchester.

Un hombre conocido por ser implacable, inalcanzable y temido en el mundo de los negocios; el hombre que había dado su discurso, hace tan solo media hora antes frente a cientos de personas; sin embargo, ahora se aferraba el pecho tenía la cara pálida pero tornándose rápidamente grisácea.

Ian boqueaba en busca de un hilo de aire que se negaba a entrar en sus pulmones. A varios metros de él, fuera de su alcance, un pequeño cilindro de plástico había rodado por el suelo. Un inhalador.

El instinto de Annie, forjado en servir a todos y su lado más humano tomó el control. No gritó. No corrió a buscar a los guardias de seguridad ni a los paramédicos del evento. Sabía perfectamente que un hombre como Winchester preferiría morir antes que mostrar una debilidad tan humana ante las cámaras.

Se dejó caer de rodillas a su lado, recuperó el inhalador y, sin dudarlo un segundo, se lo llevó a los labios pálidos del hombre.

—Inhala profundo —ordenó Annie, con una voz baja y fuerte que ni ella misma reconoció —. Todo va a estar bien, lo prometo.

Ian estaba al borde del desmayo, pero sus ojos zafiros, ahora tan oscuros como una noche, parecían feroces como los de un hombre que se aferraba a no inclinarse a su mayor debilidad; ella sintió que esa mirada leía su alma, quiso huir.

Entonces abrupto atrapó el inhalador, aunque con sus dedos temblorosos, rozando en un santiamén la piel de Annie. En medio del ataque, la mano grande y fría del multimillonario se cerró alrededor de la muñeca de la chica con una fuerza desesperada.

Era un agarre que delataba el pánico puro de un hombre que siempre tenía el control y acababa de perderlo por completo.

El silbido del medicamento llenó el tenso silencio. Uno, dos, tres segundos eternos. Poco a poco, el pecho ancho de Ian dejó de convulsionar. El aire volvió a llenar sus pulmones. Y, sí, se sentía terriblemente molesto por la situación, por ser descubierto.

Era como si el buen acto de Annie, pasó en un segundo a segundo plano, convirtiéndose para él en una ayuda que no pidió.

Annie soltó el aire que no se había dado cuenta que estaba reteniendo. Se dispuso a ponerse en pie y desaparecer por donde había venido, sin embargo, tuvo que contenerse porque las risas y los pasos de un taconeo constante dieron por aviso que se acercaban personas.

Si los veían allí... Si la élite veía al invencible Ian Winchester colapsado en el suelo de un pasillo de servicio, o peor aun malinterpretaban la situación de ambos allí, se armaría un escándalo de inmediato. 

La reacción de él fue puro instinto de supervivencia. En una fracción de segundo, Ian recuperó su imponente fuerza, agarró a Annie por la cintura y, de un solo movimiento veloz, la arrastró hacia el rincón más oscuro del pasillo, empujándola como pudo.

Ella ahogó un grito por la sorpresa.

La acorraló de espaldas contra la pared, cubriéndola por completo con su fornido cuerpo. Annie se quedó rígida. Estaban tan cerca que podía sentir el calor abrasador que emanaba de él a través del traje a medida y el ritmo acelerado de su corazón golpeando contra su propio pecho. ¿Qué significaba exactamente? Tal vez solo era la adrenalina corriendo por sus venas.

Parecía una situación de vida o muerte.

Cuando fue seguro dejar de ocultarse, Ian no se apartó y ella sentía que él adrede estaba bloqueando su salida. Se puso tan tensa y sentía un potente nerviosismo haciendo mella en su interior.

—¿Q-qué hace? Por favor, aléjese. Ya se han ido —casi fue una súplica, cuando solo intentaba ser firme.

Al contrario, se inclinó ligeramente. En la penumbra, su mirada afilada bajó hasta el pecho de ella y se detuvo un microsegundo en la credencial que colgaba de su cuello: Annie Rothschild - Asistente - Agencia Fitzwilliam. Su mente calculadora lo memorizó en un parpadeo.

Luego, acercó su rostro al de ella. Su respiración, aún cálida y ligeramente agitada, le acarició el cuello, erizándole la piel de golpe. Ella se vio a obligada a cerrar los ojos, a mitigar que la cercanía de ese hombre siguiera haciendo de las suyas. Ni con toda la fuerza de voluntad, pudo evitar sentir ese escalofrío recorrer lo más recóndito de su ser.

Y ese perfume, ese maldito perfume estaba haciendo que pasara saliva con dificultad. 

—Si una sola palabra de esto sale de tu boca —susurró él, con su grave y profunda voz repercutiendo en su cabeza—, me encargaré personalmente de destruir tu vida.

Ella tembló.

Y, el implacable CEO Winchester nunca mentía.

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DaysyEscritora
Oficialmente empiezan las actualizaciones el Lunes 18 de Mayo. La novela a partir de ese día se actualizará todos los dias.
2026-05-14 13:56:58
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