Mundo ficciónIniciar sesiónUn secreto mortal. Un contrato forzoso. Un amor que nace del desprecio. Ian Winchester es el CEO que lo tiene todo, excepto salud. Annie es la mujer que lo vio caer. Ahora, obligada a casarse con el hombre que la mira con desdén, Annie deberá sobrevivir en un nido de víboras mientras cuida al hombre que jura odiarla. En este juego de poder y traición, solo hay una regla: prohibido enamorarse del dueño de tu destino. Pero... ¿Qué pasa cuando es el mismo destino que la lleva a terminar embarazada de trillizos?
Leer másEl trayecto en el auto de lujo era lento, el silencio solo interrumpido por sus respiraciones entrelazadas. Annie miraba la pantalla oscura de la tablet que Ian le había entregado. La imagen de su madre en la suite privada seguía grabada en su mente. Él había movido los hilos de su vida con la misma facilidad con que firmaba contratos. En realidad se sentía atrapada. Como si él tuviera el control absoluto sobre ella. —A partir de hoy, mi casa será tu casa —señaló Ian, sin apartar la vista de los documentos—. Tus cosas ya no importan. Mañana un equipo se encargará de que tengas un guardarropa adecuado para tu nueva posición.Annie apretó los puños.—¿Así de simple? ¿Me arranca de mi vida y espera que sonría? ¡Está pasándose! —reclamó y refunfuñó, pero atada de nuevo a la imagen de su madre en buenas manos. Ian la miró. Sus ojos zafiros estaban llenos de frialdad. Harto de que ella no comprendiera. —Haré de cuentas que no escuché tus quejas. Estoy siendo bondadoso contigo, deja de ar
Annie Rothschild sintió que todos en la agencia Fitzwilliam la miraban más que de costumbre. Y ella que ya andaba paranoica por lo del hospital, se quedó clavada en esa sensación de tener demasiada atención encima. Las miradas, llenas de juicio y una curiosidad malsana, la seguían como focos mientras caminaba hacia su pequeño cubículo.Por eso estuvo nerviosa casi toda la mañanaNo había terminado de dejar su bolso cuando la voz de su jefe, el señor Fitzwilliam, tronó a través del intercomunicador.—Rothschild. A mi oficina. ¡Ahora!Annie caminó con las piernas temblorosas. Sobre el escritorio del señor, una tableta mostraba la imagen que había incendiado las redes sociales esa mañana: Ian Winchester, el hombre más poderoso del país, sosteniéndola a ella contra la pared de un hospital en un beso que parecía sacado de una película romántica.Sin embargo, solo se pintaba para ella como una cinta de terror. El señor Fitzwilliam la miró de arriba abajo con una mueca de incredulidad.—¿Me
En un parpadeo tiró de ella a un lugar más alejado de los demás, ella rugió reaccionando de forma tardía. Ian se pasó la mano por la cabeza, dejando escapar un suspiro largo. No podía irse sin conseguir que ella cediera. Estaba atrapado y no veía otra brillante salida que esa. —La junta directiva se reúne mañana a las ocho de la mañana para destituirme —comenzó Ian, su tono de voz ahora era bajo, casi conversacional, lo cual lo hacía aún más intimidante—. Usarán mis visitas médicas secretas como prueba de que soy inestable. Necesito que esas visitas tengan otro motivo.Annie, aún con la respiración agitada por todo aquel enredo, se cruzó de brazos, a la defensiva. No iba a permitir que ese hombre se saliera con la suya.—Señor Winchester, creo que no lo entiende. No tengo nada que ver con sus problemas. Puede ir y pedírselo a alguien más. No cuente conmigo y asuma la realidad. —¿Por qué alguien más si estás tú? —Ian dio un paso lento hacia ella, la mujer tembló, realmente estaba ne
Sintió el palpitar de su corazón acelerado hasta en sus oídos. Annie tembló sin poder evitarlo. Con los dedos aún temblando por la noticia que acababa de ver en televisión, fue por un café a la máquina expendedora. Necesitaba calmarse. Él creerá que fui yo, pensaba, sintiendo un nudo asfixiante en la garganta. La máquina dejó caer el vaso de cartón, pero antes de que pudiera tomarlo, algo la detuvo. Annie alzó la vista y el corazón se le paró. Dos hombres vestidos con trajes oscuros habían bloqueado silenciosamente los extremos del pasillo. Y avanzando por el centro, caminando con la seguridad de un depredador a punto de abalanzarse sobre su presa, estaba él. Ian Winchester. Si ella estaba completamente asustada, ahora que veía a ese hombre imponente cerca de ella, sentía que la letalidad de su mirada la había alcanzado. Él, se había quitado la corbata, llevaba el primer botón de la camisa desabrochado y su cabello oscuro estaba ligeramente desordenado, como si hubiera pasado
Último capítulo