El trayecto hacia el ático de Noah en South Kensington fue un ejercicio de asfixia controlada. El Audi negro se deslizaba por las calles de Londres mientras la lluvia volvía a golpear los cristales, un recordatorio constante de la noche en que todo este caos comenzó. Noah conducía con una mano en el volante y la otra tensa sobre la palanca de cambios, mirando de reojo a Emma.
Ella estaba apoyada contra la ventanilla, con la mejilla todavía ligeramente inflamada por el golpe de Helena y la mirad