El apartamento de Chelsea se sentía como una tumba de mármol. Emma entró arrastrando los pies, con el cuerpo pesándole como si estuviera hecho de plomo. Lo último que esperaba era ver luz bajo la puerta del salón.—¿Emma? ¿Cariño, eres tú? —La voz de Daniel, suave y aterciopelada, la hizo tensarse.Daniel estaba allí, con una copa de coñac en la mano, luciendo un traje de seda azul que costaba más que el coche de Fabricio. Se suponía que estaría en Singapur, pero el "Rey del Pharma" siempre tenía sorpresas.—Daniel... regresaste —susurró ella, dejando su bolso en la entrada.—El negocio se cerró antes de lo previsto. Te extrañé —se acercó a ella y frunció el ceño—. Estás pálida, Emma. Y hueles a... ¿hospital y lluvia?—Fue un día terrible —Emma se hundió en el sofá, abrazándose a sí misma—. Una mujer, Margaret... murió en mis manos. Tenía un nieto que cumplía años hoy, Daniel. Le prometí que...—Cariño, son gajes del oficio —la interrumpió él, sentándose a su lado y acariciándole el h
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