Emma entró con los hombros tensos. Noah estaba de espaldas, observando la ciudad. No se giró cuando la puerta se cerró.—Sus notas en la universidad fueron perfectas, Raves —dijo él, su voz era un látigo de seda—. Matrículas de honor en anatomía, la mejor de su clase en técnica quirúrgica. Se supone que usted es un purasangre.Emma frunció el ceño. —Hice mi trabajo hoy, doctor.Noah se giró lentamente, apoyando la cadera contra su escritorio de caoba. Sus ojos azules la recorrieron con una intensidad que la hizo sentir desnuda.—No, no lo hizo. Hizo lo mínimo indispensable para no ser expulsada. Se escondió detrás de Mia, dejó que Fabricio tomara las suturas más visibles y se limitó a ser una sombra. ¿Por qué una mujer con su capacidad se esfuerza tanto en ser mediocre?—No busco gloria, Dr. Brook. Busco aprender y salvar vidas —respondió ella, apretando los puños.—Mentira —espetó él, dando un paso hacia ella—. Usted busca invisibilidad porque tiene miedo. Miedo de que, si brilla, el
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