Daniel Laner entró en la habitación con el paso de quien es dueño de la mitad del código postal. Sin embargo, al ver a Emma sentada en la cama, tan pequeña y pálida bajo las luces fluorescentes, su arrogancia se desinfló. Noah ya no estaba en la habitación, pero su presencia seguía allí, impregnada en el aire y en la carpeta de documentos que Emma había escondido bajo la almohada.
—Emma, gracias a Dios. Me dijeron que podías irte hoy —Daniel se acercó y le tomó la mano. Sus dedos estaban calien