El sonido de la lluvia golpeando las tuberías del cuarto de suministros se volvió un eco distante, eclipsado por el estruendo de dos corazones que habían decidido dejar de fingir. Noah no esperaba una respuesta, pero cuando los labios de Emma chocaron contra los suyos, el último vestigio de su legendario autocontrol se desintegró.
—Emma... —gruñó él contra su boca, un sonido que vibró desde su pecho hasta el de ella.
Él la levantó con una fuerza asombrosa, sentándola sobre una de las mesas metá