La primera mañana en el ático de South Kensington no comenzó con el lujo que las revistas de diseño prometían. Para Emma, comenzó a las 5:30 AM con una violenta sacudida de su estómago que la obligó a correr al baño de la habitación de invitados.
El eco de las náuseas matutinas era implacable. Emma se aferraba al mármol frío del lavabo, sintiendo que su cuerpo la traicionaba una vez más. El agotamiento de los días anteriores, la bofetada de Helena y la tensión del contrato habían convergido en