El apartamento de Chelsea se sentía como una tumba de mármol. Emma entró arrastrando los pies, con el cuerpo pesándole como si estuviera hecho de plomo. Lo último que esperaba era ver luz bajo la puerta del salón.
—¿Emma? ¿Cariño, eres tú? —La voz de Daniel, suave y aterciopelada, la hizo tensarse.
Daniel estaba allí, con una copa de coñac en la mano, luciendo un traje de seda azul que costaba más que el coche de Fabricio. Se suponía que estaría en Singapur, pero el "Rey del Pharma" siempre ten