Mundo ficciónIniciar sesiónJulienne Percy es una joven omega noble, prometida desde la infancia al apuesto heredero Elion Taleyah. Todo en su vida estaba planeado... hasta que su primer celo llegó, y con él, el desastre. Sola, vulnerable y presa del instinto, Julienne cae en brazos de un alfa desconocido, un hombre cuyo aroma despierta algo salvaje dentro de ella. Lo que no sabe es que ese hombre es Davian Taleyah, el Alfa Supremo… y el hermano mayor de su prometido. Una noche de pasión desencadena una tormenta de secretos, humillaciones y odio. Julienne queda embarazada. El compromiso se rompe. Y Davian, frío y despiadado, la rechaza, pero luego él se arrepintió. —Fui un cobarde —susurró Davian, acercándose a ella como si temiera que lo rechazara—. Te desprecié porque te deseaba. —Y ahora me deseas porque no puedes tenerme. —No… ahora te deseo porque te necesito. No como Alfa. Como hombre. Como tuyo. La marcó… y luego la despreció. Ahora la quiere… pero ella ya no es la misma. ¿Puede el amor nacer del rechazo más cruel? ¿Puede una omega humillada convertirse en reina?
Leer másDavian Taleyah El sol de la mañana se filtraba por los ventanales del despacho, dorando los muebles de madera oscura y el tapete persa que Auren insistía en mantener aunque yo no encontraba razón alguna. En mis brazos, Khaos jugueteaba con mis dedos, apretándolos con su fuerza diminuta mientras balbuceaba sonidos que apenas podía entender. Su olor a leche tibia y piel limpia llenaba la habitación, calmando todo a mí alrededor.Habían pasado varios días desde la batalla, pero las secuelas aún se sentían en la manada. Algunos lobos no regresaron. Otros, aún heridos, con cuerpos y almas marcadas por la guerra. Entre ellos, Emma. La pequeña omega que Kian había protegido con la fiereza… su luna.El teléfono vibró sobre el escritorio. Miré la pantalla: Kian Duncan.Apreté la mandíbula y deslicé el dedo para contestar.—Al fin —dije en tono bajo, caminando hacia la ventana con Khaos apoyado en mi hombro—. ¿Cómo está Emma?—Está viva, Davian —respondió al fin, con voz ronca—. Despertó hace
Emma BakerLa luz se filtraba entre las rendijas del techo, bañando la habitación con un tono dorado y cálido. No sabía cuánto tiempo había dormido desde la última vez que abrí los ojos, pero el aire fresco y el silencio absoluto me hicieron pensar que había pasado una eternidad.Me moví lentamente, y fue entonces cuando noté que estaba envuelta apenas en una camisa de Kian. Su olor me rodeaba: bosque, lluvia y algo indescriptiblemente suyo. Me quedé quieta por un momento, con el corazón acelerado, tratando de asimilar todo. No recordaba haberme dormido otra vez, ni haberlo sentido marcharse. Me llevé la mano al abdomen, aún esperando sentir las cicatrices del pasado, pero no había nada. Ni una marca, ni un rastro de la herida que debió haberme quitado la vida. Solo piel tibia y respiración entrecortada.El silencio del lugar se interrumpió por unas voces que venían desde abajo, una de ellas inconfundible.Kian.El sonido de su voz era grave, profunda, algo apagada… como si hablara co
Emma BakerEl olor a madera húmeda y humo tenue fue lo primero que percibí antes de atreverme a abrir los ojos. Mi cuerpo se sentía extraño… pesado, como si hubiera dormido durante siglos, y al mismo tiempo liviano, demasiado liviano para lo que recordaba. El último instante nítido en mi memoria era frío, sangriento, desgarrador… Astariel, su sonrisa cruel, sus manos heladas apretando mi cuello, y luego la nada. Oscuridad.Un temblor me recorrió al abrir los ojos lentamente. El techo que se extendía sobre mí estaba hecho de madera vieja, cubierta con paja. No había lámparas modernas, ni las paredes elegantes de la mansión Taleyah o Duncan; apenas un resplandor dorado entraba por la ventana cubierta con una cortina de lino raído. El aire olía a bosque, tierra mojada y humo de chimenea.No estaba muerta. O… ¿sí lo estuve?Mi respiración se agitó cuando bajé la mirada. Esperaba encontrar mi vientre desgarrado, la piel rota, la sangre… pero no había nada. La piel estaba intacta, limpia, c
Kian Duncan Caminábamos entre los cuerpos de nuestros caídos y los restos carbonizados de los vampiros cuando sentí algo que me heló hasta los huesos.Un tirón en el pecho.Un grito en mi mente.Emma.Me detuve de golpe, el corazón golpeándome contra las costillas. Su miedo atravesó el vínculo como un cuchillo ardiente. No era un presentimiento, no era una intuición: era ella. Su desesperación, su súplica muda, el terror sofocando su respiración.—¡No…! —rugí, transformándome en un instante y lanzándome al bosque.Los árboles se convirtieron en un borrón a mi alrededor. Sentía su dolor cada vez más fuerte, cada jadeo suyo como si mi propia garganta se cerrara. No corría solo; lobos me seguían, y entre ellos, el pelaje negro de Davian destacaba, veloz, imparable.Mis patas ardían por los saltos que daba para llegar a ella.Entonces lo vi.El claro se abrió ante nosotros y la imagen me partió en dos. Emma suspendida en el aire, pequeña, vulnerable, desnuda y con los ojos abiertos de pa
Último capítulo