Julienne Percy
La mansión tenía muchos pasillos. Demasiados. Todos fríos, inmensos y tan silenciosos que los pasos resonaban como ecos de algo que no debía estar allí.
Como yo.
Había pasado los últimos días encerrada por “órdenes del alfa supremo”, pero hoy no soporté más el encierro. Salí de mi habitación con la excusa de caminar un poco, como me había recomendado la doctora. Reposo no significaba encierro, me repetía. No iba a quedarme encerrada como una prisionera mientras todos fingían qu