OBSERVADA.
AURA.
Apenas Chloe me deja sola, sacudo la cabeza, obligándome a desechar el misterio de Lyam y mi amiga. Conecto la grabadora y en menos de quince minutos he transcrito los puntos clave, editado la jerga erótica, y tengo una versión limpia lista para presentar.
No pasa mucho antes de que el intercomunicador de mi cubículo emita un chasquido.
— Stone, en mi oficina.
— Enseguida, Señor Hayes.
El Señor Hayes, mi director, me espera detrás de su escritorio. Su oficina es un santuario de desorden o