AURA.
La mañana de la entrevista ha llegado. El hospital huele a antiséptico y a promesas inciertas. Lily, mi hermana, está acostada en una cama blanca, con el tobillo escayolado y elevado. Ha pasado la noche relativamente tranquila, y la certeza de que mi trabajo es vital me da una dureza que no sabía que poseía.
Estoy de pie, junto a la cama, ajustándome el blazer de corte impecable. Me he vestido con lo mejor de mi guardarropa: un traje de falda lápiz color gris acero, tacones que no son prá