CRHIS.
El doctor, notando que nos ha dejado sin palabras, nos dedica una última sonrisa de felicitación y se retira de la habitación, cerrando la puerta tras de sí con un clic suave. El silencio que queda es denso, vibrante, cargado de una electricidad que nunca antes habíamos sentido.
Me quedo petrificado, con la mirada fija en Aura. Siento un zumbido en los oídos y el corazón me golpea las costillas con una fuerza salvaje. ¿Un hijo? ¿Tres semanas? La idea empieza a echar raíces en mi mente y,