AURA.
El despertador marca las 7:00 a.m. Me levanto de la cama con una sensación de incomodidad que no tiene nada que ver con el colchón. La noche ha sido corta y llena de imágenes que no quiero revivir: la frialdad de los ojos de Christopher Jones, el aliento caliente en mi oreja, y sobre todo, la vergonzosa e incontrolable respuesta de mi propio cuerpo.
Inapropiado. La palabra resuena en mi cabeza con cada latido. Tengo a Lyam, a quien amo profundamente. Él es mi hogar, mi ancla. Y sin embarg