AURA.
El suave roce de la seda resbala por mis hombros y dejo que el vestido caiga al suelo, quedando solo frente al espejo. Suspiro, observando cómo mi cuerpo ha empezado a cambiar, reclamando su espacio para proteger la vida que late dentro de mí. De repente, siento un calor conocido que me envuelve; el aroma de Christopher inunda mis sentidos antes de sentir sus brazos rodeándome desde atrás.
Sus manos, grandes y cálidas, viajan directamente hacia mi vientre, cubriéndolo con una posesividad