CHRIS
Salgo del despacho, cerrando la puerta con una fuerza apenas controlada. La frialdad del corredor no hace nada por mitigar el calor que me sube por el cuello. Mi polla está erguida, dura y pulsante, una consecuencia física no deseada del duelo que acabo de tener con la Señorita Stone. Odio este instinto, odio mi falta de control, y en este instante, odio a mi tío Roth con una intensidad hirviente por haber dinamitado el momento.
No era solo sexo; era un juego de poder que estaba a punto d