Para Victoria, jugar con la nieve y pasar tiempo con Franco se siente bien, pero estar en la cocina rodeada por el olor de mantequilla derretida y azúcar caramelizada ¡es lo mejor del mundo! Manteniéndose de pie sobre un pequeño banquillo de madera junto a la encimera, acomoda el delantal torpemente atado alrededor de su cintura. Una vez que está segura de que no se caerá, estira la mano hacia un cuenco enorme lleno de chispas de chocolate. El plan es agregar todas esas chispas a la masa.
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