Teóricamente el turno de la tarde es mucho más caótico que el de la noche, pero en vista de lo lento y calmado que ha estado todo, Siena puede jurar que ese turno lo está sintiendo más largo y eterno que nunca antes. Observando el reloj en su pulsera nota que falta un cuarto para las seis, la idea de que su turno termina en cuatro horas más le hace sonreír de alivio. Mientras camina por el pasillo del tercer piso, piensa en los historiales clínicos que tiene que llenar antes de irse, para su bu