Cuando entra a la sala de internos, Siena cierra la puerta con el pie y camina hasta apoyar el enorme ramo sobre la mesa central. Tras dejar caer un suspiro pesado nota el silencio de estar sola en ese momento.
Tomando la tarjeta, la mira fijamente, revisando el anverso, busca si existe alguna otra nota o dedicatoria, pero no hay nada más que esa “F” en el frontal.
Pero tampoco es como que ella necesite algo más para entender, ¿verdad?
Aunque no exprese su confusión en voz alta, se queda inmóv