Mundo ficciónIniciar sesiónAmelia siempre creyó conocer su futuro. Desde niña le repitieron que su destino estaba atado a Dorian, el beta de la manada, su amigo de toda la vida y el hombre con quien compartía risas, sueños y promesas bajo la luna. Todo apuntaba a que, tras su despertar, su unión sería celebrada por todos. Pero la luna no entiende de planes humanos. En la ceremonia que debía sellar su destino, Amelia descubre una verdad imposible de ignorar: su compañera predestinada no es Dorian… sino Kael, el alfa de la manada. Kael, el hombre con el que siempre rivalizó. Kael, el líder orgulloso y distante que jamás imaginó a su lado. Kael, el mejor amigo de Dorian. Ahora, atrapada entre la lealtad a quien juró amar y el fuego salvaje que la consume cada vez que Kael la mira, Amelia se enfrenta a la lucha más difícil de su vida: resistir un lazo que la arrastra hacia lo prohibido. Mientras tanto, Dorian comienza a sentir cómo el mundo que construyó se desmorona, debatiéndose entre el amor, la traición y el dolor de perderlo todo. Y Kael, dividido entre el honor y el instinto, descubre que ni siquiera un alfa puede luchar contra el destino. Pasiones imposibles, vínculos sagrados y heridas que ni el tiempo podrá cerrar. En un mundo donde la luna decide, cada elección puede quebrar corazones… y encender guerras. Una historia de amor y deseo donde el destino es tan cruel como inevitable.
Leer másLa nota permaneció sobre la mesa mucho después de que todos hubiéramos terminado de leerla.No era especialmente larga. Tampoco contenía una amenaza explícita, una orden o una advertencia que pudiéramos llevar ante el consejo y exigir que alguien nos explicara. Eran apenas unas palabras escritas con una letra que ya habíamos visto antes.No busques a Seraphine para preguntarle por qué no llegó. Pregúntale por qué decidió quedarse.La leí por tercera vez.Después, una cuarta.—Odio las notas misteriosas —murmuró Dorian, sentado frente a mí—. ¿Por qué nadie puede limitarse a escribir: «Hola, sé algo importante, ven a verme a tal lugar»?—Porque entonces sería demasiado fácil —respondió Talia.—No. Sería razonable.Soren soltó una risa breve, pero Maelis no sonrió. Tenía los dedos apoyados sobre el borde de la mesa y la mirada fija en el papel.Kael permanecía de pie junto a la ventana. Desde que habíamos recibido la nota, apenas había hablado. No parecía distraído, sino concentrado en a
—La llave no está en manos de quien custodia la puerta, sino de quien fue obligado a abandonarla.Repetí la frase en voz baja.Maelis mantenía abierto el cuaderno de su abuela. Dorian había colocado sobre la mesa todos los documentos encontrados en la casa de Seraphine, mientras Kael examinaba nuevamente la fotografía de la puerta metálica.—¿Y si no habla de una llave física? —preguntó Talia.—Podría referirse a una autorización —respondió Maelis—. En los registros antiguos, algunas personas tenían acceso a determinados archivos sin necesidad de poseer una llave.—¿Y Seraphine tenía esa autorización? —pregunté.Maelis pasó varias páginas.—No lo sé. Pero si fue responsable de recibir a los dos herederos, es posible que tuviera acceso al registro de identidades.Dorian levantó una hoja.—Aquí aparece algo parecido.Nos acercamos.Era una copia parcial de una lista de funciones asignadas a los mensajeros de confianza. La mayoría eran tareas sencillas: entregar documentos, confirmar ide
—No podemos asumir que sigue viva.La voz de Maelis rompió el silencio.Nadie respondió inmediatamente. Sobre la mesa permanecía el registro de la última asignación de Seraphine, junto a la marca de seis puntas y aquella orden que prohibía que volviera a tener contacto con nosotros.Me resultaba difícil apartar la mirada de esa última palabra.Cumplido.Como si la vida de una persona pudiera resumirse en una casilla marcada.—Tampoco podemos asumir que murió —respondí.Maelis asintió.—No he dicho que debamos hacerlo. Solo que tenemos que prepararnos para ambas posibilidades.Dorian tomó el documento y lo examinó de nuevo.—Hay algo que no me cuadra.—¿Qué cosa? —preguntó Kael.—La fecha de esta orden. Se emitió después de que Seraphine entregara a Cassian a Oren. Si la intención era apartarla de los dos niños, ¿por qué esperaron tanto tiempo?—Quizá porque todavía necesitaban sus servicios —dijo Maelis.—¿Para qué?Ella señaló el registro.—Seraphine era una mensajera de confianza. T
No dormí bien.No porque tuviera miedo de que alguien entrara en mi habitación, aunque después de lo ocurrido con las fotografías y las notas anónimas aquella posibilidad ya no me parecía descabellada. Tampoco porque hubiera pasado la noche pensando en Seraphine, aunque su rostro se había quedado grabado en mi cabeza.Lo que no me dejaba descansar era una frase.La primera entrega no fue cancelada. Fue desviada.Había algo especialmente cruel en esas palabras. Durante años había imaginado que mi historia estaba llena de personas que no habían podido llegar a tiempo. Alaric me había encontrado, me había llevado a casa y me había amado. Seraphine no había llegado. Elara había desaparecido. Cassian había crecido lejos de mí.Pero ¿y si no había sido cuestión de tiempo?¿Y si alguien había decidido dónde debía estar cada uno?Me levanté antes del amanecer y me vestí sin encender demasiadas luces. Cuando salí, encontré a Kael en el pasillo.Estaba apoyado contra la pared, con los brazos cr
Último capítulo