El consejo creyó que Amelia llegaría contenida.
Vestida con sobriedad. Callada. Acompañada por Dorian, tal vez un paso detrás de él, como había sido siempre. Creyeron que entraría como la futura hembra beta, no como una fuerza en sí misma.
Ese fue su primer error.
Amelia cruzó las puertas del salón sin pedir permiso y sin anunciarse. No llevaba símbolos, ni ornamentos rituales. Solo su postura erguida, su mirada firme y esa presencia nueva que no se podía fingir: la de alguien que había dejado