Mundo ficciónIniciar sesiónElla está cansada de amarlo y decide rechazar a su pareja, pero él no es un hombre cualquiera... sino su Alfa, el hombre que pensaba amaría por toda su vida. Evelyn comenzó su vida como esclava después de quedar huérfana, de repente asciende inexplicablemente al cielo y se convierte en la Luna de la manada de lobos de Noctis Semper. Ella llegó a pensar que la marcó por amor, pero no fue así. Durante cinco años había sido la fiel compañera y luna del poderoso alfa, amándolo y dándole tres cachorros que cuidaba con dedicación y amor. Sin embargo, su amor no recibió ninguna respuesta, y parecía que ese alfa frío y cruel solo tenía a la otra mujer en su corazón. Lo que es aún más triste es que su loba cuando apareció no pudo comunicarse. Es muda y, los miembros de la manada no la aceptan y la miran con desdén. Cuando Evelyn es acusada de un crimen atroz, decide escapar de este destino impuesto. Era mejor abandonar la manada con sus trillizos, rechazó a su compañero alfa, quien luego se obsesionó con encontrarla. Evelyn quería buscar una nueva vida, y se juró, cuando regrese a esa manada, se vengaría de todos los que lo merecen y recuperaría todo lo que le pertenecía, especialmente...su dignidad.
Leer másEpílogo 2 — El canto de la loba y la promesa del infiernoEl sol se filtraba débil por entre las cortinas gruesas del cuarto de Eva, pero dentro, la tensión era densa como la niebla de la madrugada. Seis horas. Seis horas de dolor, fuerza y poder ancestral canalizado en un solo acto: traer vida al mundo.Eva, con el rostro perlado de sudor, jadeaba en silencio, ya dormida por el agotamiento, su pecho subía y bajaba con lentitud. Magnus estaba a su lado, con las manos aún temblorosas, como si el universo le hubiera entregado por fin la oportunidad que se había negado a sí mismo años atrás.Porque esta vez sí había estado allí.Había sostenido la mano de Eva, había contenido sus lágrimas y su miedo, y ahora, con los ojos brillosos y la garganta cerrada, acunaba a su hija. Pequeña, frágil, envuelta en una manta lila bordada con runas de protección. Su cabello era rubio platino como el de su madre, pero al abrir los ojos —cosa que ya había hecho un par de veces— el lobo ancestral vio sus p
EpílogoLa cumbre había llegado a su fin con la tinta fresca de un nuevo tratado, firmado con manos humanas temblorosas y la fuerza indómita de los líderes mágicos. Aquel día quedó marcado en la historia no solo de las manadas, sino de toda criatura que habitaba los vastos bosques sagrados.Los humanos, tras muchas negociaciones y advertencias, accedieron a retirarse. No con resignación, sino con una comprensión que, quizás, se había demorado demasiado en llegar. La sangre derramada, los cuerpos de sus soldados enterrados con respeto por manos mágicas, y la imagen inolvidable de Eva —de pie, altiva, rodeada de los suyos— les dejaron claro que esta tierra no era un campo para conquistar, sino un reino vivo con leyes más antiguas que cualquier constitución humana.Eva, junto a Adara, fue reconocida no solo como portavoz de los licántropos, sino como una protectora del equilibrio natural. Y con los humanos retirados, había que reconstruir… y establecer las bases para evitar futuras amena
94El cielo estaba cubierto por nubes oscuras, como si el mundo mismo supiera lo que estaba a punto de desatarse. Un silencio ominoso se extendía por los límites del bosque, el tipo de silencio que precede al estruendo de una tormenta. El Consejo ya había sido informado, los ancianos y los niños evacuados, las alianzas selladas. No había más tiempo. La guerra estaba aquí.Los humanos habían vuelto por más pelea, el General no aprende, pero no importa los seres mágicos le enseñaremos que no somos a quien subestimar.Desde las copas de los árboles, los centinelas de la manada observaban cómo las líneas enemigas se extendían más allá de lo visible: humanos con sus uniformes oscuros y armas brillantes, pícaros encadenados a una causa que no entendían o no les importaba entender. En medio del campo, Valentine, erguido y soberbio, señalaba el frente con una sonrisa torcida. Esta vez venía por todo.A su lado, varios cambiaformas de lobos aliados de los humanos aguardaban en forma híbrida, p
93 Eva Cuando regresamos a la habitación, el silencio era distinto. Más íntimo. Magnus cerró la puerta detrás de nosotros con suavidad, y su cuerpo casi enseguida se pegó al mío, cálido, protector, temblando apenas con algo que parecía necesidad contenida. Me tomó de las manos y me condujo a la cama con una delicadeza inusual para un lobo como él. Me senté, y él se arrodilló a mis pies. Sus manos, fuertes y cálidas, comenzaron a acariciar mis piernas, mis muslos, mis caderas, como si quisiera grabar cada rincón de mí en su memoria. Luego subió lentamente hacia mi vientre. —Ya se nota… —susurró, apoyando la palma con una ternura infinita sobre la leve curva que comenzaba a formarse—. Nuestro hijo… está ahí. Me acarició despacio, en círculos suaves. Luego levantó la mirada hacia mí, y vi algo extraño en sus ojos. Vulnerabilidad. —Fui un idiota —dijo, con la voz ronca, casi reverente—. Antes… te alejaba por miedo. Lo miré sin comprender del todo. —¿Miedo a qué? Él tragó
Último capítulo