Dorian siempre había sabido encontrarla.
No importaba cuán cansado estuviera, cuán revuelta estuviera la manada, cuántas decisiones pesaran sobre sus hombros: Amelia había sido, durante años, el lugar donde todo se ordenaba. Su voz. Su risa suave. La manera en que lo miraba como si él no tuviera que demostrar nada.
Con ella, Dorian no era el Beta.
No era el contrapeso político.
No era el que mediaba, el que sostenía, el que cedía.
Era solo Dorian.
Por eso, cuando la evaluación terminó y la gent