Mundo ficciónIniciar sesiónAyling lleva años escondiendo un amor imposible: el chico que parece inalcanzable, el que la mira como si pudiera leerle el alma. Cuando por fin empieza a acercarse a él, con la oportunidad de estar en esa relación que siempre quiso, su mundo se detiene con una confesión inesperada: su mejor amiga también está enamorada del mismo muchacho, y por si no fuera poco, le pide ayuda para conquistarlo. Entre la lealtad y el deseo, Ayling elige callar sus sentimientos, convencida de que sacrificar su corazón es la única forma de no perder a quien considera una hermana. Pero mientras intenta ignorar lo que siente, descubre que nada es tan sencillo cuando el destino está en medio de las elecciones diarias y que no todos tienen la voluntad de perder para conservar el sentimiento de otros, como ella.
Leer másRyan regresó con las bebidas, y al instante se rompió la tensión. En lo que ocupaba su asiento, su brazo rozó el mío en un contacto mínimo que me provocó una punzada de dolor. —¿Saben? —dijo, abriendo su lata—. Estaba pensando en lo que dijo Ayling sobre la negación. Me recuerda a esa fiesta de anoche. Fue una locura, ¿verdad?Casi me atraganto con mi propia saliva. Eiden se quedó inmóvil, con la lata a medio camino de la boca.—Una locura total—Zoe contestó—. Ryan y yo nos quedamos bailando —danzó ambas manos al aire—, fui a buscarte, Ayling, y ya no estabas. Ryan me dijo que te habías sentido mal.—Sí —asintió él—. Estaba muy mareada. La ayudé a salir para que tomara aire, y dijo que llamaría a un taxi para irse a casa.Mi mente trabajó a mil por hora. Ryan me ayudó. Ryan sabía que yo no estaba bien. Pero, ¿en qué momento aparecí en una cama con Eiden?Como si me leyera la mente, añadió: —No podía dejar sola a Zoe, entonces le pedí a Eiden que te llevara a casa, Ayling, pero como
A las seis y media ya estaba de pie frente al espejo. Mis ojos estaban inyectados, ilustrando las ojeras marcadas debajo de ellos. Estaba hecha un desastre. Me sentía como alguien que iba directo a su tumba.Me cambié tres veces de ropa antes de decidirme por un vestido sencillo y una chaqueta encima. Nada llamativo. Nada que pudiera interpretarse de alguna forma equivocada. Sin embargo, tuve que volver a aproximarme al armario, cambiándome por cuarta vez. Necesitaba tapar las marcas en mi cuello por tiempo prolongado; la maniobra que hice en la mañana ya no me serviría. Intenté, fallando todas las veces en ocultar las marcas con un corrector que no servía.Por fin, a las 7 de la tarde, vestida con unos jeans anchos y una camisa de cuello alto para ocultar la evidencia, estaba lista para dirigirme a la casa de Ryan. El corazón me latía en los oídos.Cuando bajé a la cocina, papá estaba sentado viendo la televisión. Notó mi presencia apenas puse un pie en la sala.—Tu mamá está dormida
Me dirigí con pasos torpes a la casa. Mi hermanita Udri, me esperaba frente a la puerta, moviéndose de un lado hacia el otro; apenas me vió, dejó de dar vueltas y anunció mi llegada. Primero salió mi mamá y luego mi papá se asomó a la puerta para ver si era cierto.—Ven acá, niña, ¿qué te has creído, eh? —se acercó con una escoba—. ¿Estás planeando matar a tu padre y a mí, eh? ¿No te basta que te mantengamos?Al primer escobazo, corrí echándome a un lado para esquivar el golpe. Di vuelta a la casa huyendo de ella, pero ella me perseguía, gritando y lanzando golpes al aire con toda la intención de golpearme.Udri lloraba.Papá vociferaba a un lado que me dejara, pero ella no le prestó ni la menor atención. Continuó acusándome de odiarla y de querer matarla.—Mamá, para ya, deja que te explique.—¡¿Qué vas a explicar tú, pequeña ingrata?! —replicó.—¡Cleuris! ¡Ya deja a la niña!—¡Tú no te metas, James! Por tu culpa está así de malcriada —se detuvo, inclinándose a respirar con dificulta
Ya más aliviado, asintió, colocandose la camisa. Sin esperar respuestas, volví a tomar mi camino al cuartico abierto. El pestillo, al correrse, fue el único alivio que tuve en las últimas horas. Choqué de espalda a la madera fría, cerrando los ojos con fuerza; necesitaba ordenar el caos en mi cabeza. ¿Cómo iba a mirar a Ryan a la cara?Me separé de la puerta a regañadientes para enfrentarme a mi reflejo en el espejo. Lo que vi fue un desastre. Mi aspecto ojeroso y febril por el maquillaje de la noche anterior bajo mis ojos, mi cabello se redujo a una maraña indomable, y lo peor eran las marcas innegables que florecían en la base de mi clavícula.—¿Que si soy una gata? —susurré, frotando mi piel con frenesí—. ¿Y tú qué? ¿Un vampiro?Seguí frotando las marcas como si pudiera borrar las evidencias con los dedos. No había nada que hacer. Al final, con un fuerte suspiro, dejé de estrujar vanamente mi cuerpo y me lavé la cara para bajar el rubor. Traté de acomodar mi cabello de manera que
Se levantó de la cama. Ahogué un jadeo involuntario por su desnudez y por los rasguños en su espalda.—No te quedes así, levántate y ponte ropa, que tú y yo debemos resolver esto.Se movilizó con la rigidez de alguien que acababa de recibir una bofetada.—Tú y yo no vamos a resolver nada.—No me voy a ir hasta que resolvamos esta locura —encontró unos bóxers oscuros en el suelo y se los puso con brusquedad—. Y te recuerdo, no me has dicho de quién era ese mensaje que te cortó el aliento.—¡Ya te dije que no te importa! —escupí.La adrenalina de la negación y la rabia me dieron fuerzas para finalmente deslizarme fuera de la cama, arrastrando la sábana conmigo. Crucé cerca de él con la intención de entrar en un cuarto más pequeño, esperando que fuera el baño, pero Eiden no me dio tiempo; ignorándome, se abalanzó sobre la cama y se adueñó de mi celular.—¡Dame eso! —me aproximé tratando de quitárselo, pero era mucho más alto.Me sostuvo del brazo, y sosteniendo el celular con la otra man
Lo primero que escuché fue mi respiración entrecortada y el quejido que abandonó mi boca por el dolor de cabeza que me azotó. Después vino un aroma desconocido, una mezcla de perfume masculino y alcohol que no había manera de que pertenecieran a mi habitación. Abrí los ojos lentamente, sintiendo una sensación entumecida de mi cuerpo como si hubiese corrido una maratón sin preparación previa. Tuve que volver a cerrar los ojos, tratando de controlar el dolor de cabeza; no fue de mucha ayuda, la verdad. Solté otro quejido, girando mi cuerpo, y fue cuando caí en cuenta de que alguien dormía a mi lado. Un hombre desnudo dormía profundamente a mi lado. —¡Hahaha! Me incorporé de golpe, cubriéndome el pecho con la sábana. El movimiento brusco hizo que el chico a mi lado frunciera el ceño antes de abrir los ojos. —¿Ayling? —¡¿Eiden, qué haces aquí?! —Yo… yo… —¡¿Qué haces aquí?! —chillé, histérica, cortando sus titubeantes palabras. Eiden, al igual que yo, estaba sorprendido.





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