Mundo ficciónIniciar sesiónAyling lleva años escondiendo un amor imposible: el chico que parece inalcanzable, el que la mira como si pudiera leerle el alma. Cuando por fin empieza a acercarse a él, con la oportunidad de estar en esa relación que siempre quiso, su mundo se detiene con una confesión inesperada: su mejor amiga también está enamorada del mismo muchacho, y por si no fuera poco, le pide ayuda para conquistarlo. Entre la lealtad y el deseo, Ayling elige callar sus sentimientos, convencida de que sacrificar su corazón es la única forma de no perder a quien considera una hermana. Pero mientras intenta ignorar lo que siente, descubre que nada es tan sencillo cuando el destino está en medio de las elecciones diarias y que no todos tienen la voluntad de perder para conservar el sentimiento de otros, como ella.
Leer másDomingo por la mañana acompañé a mi madre al supermercado. Yo hice las compras de las bebidas y ella se encargó de lo demás. De regreso a casa, acomodamos cada compra en su respectivo lugar, mi mamá luego se puso a preparar el almuerzo y no me quedó más que ayudarla. Duré todo el día sin revisar mi teléfono. Era muy probable que la bandeja de notificaciones estuviera llena de más mensajes y llamadas perdidas de Zoe, o eso quería creer, de cualquier forma, yo aún no estaba lista para hablar con ella. Aunque ahora me dolía menos lo sucedido de la otra noche, seguía dando vueltas en mi cabeza. Y no es que quería hacerme la víctima, entendía que estaba pasada de copas, pero yo me obligué a asistir a esa fiesta porque no quería que se sintiera sola en esa noche que pensaba sería importante para ella, solo para que al final ella se sumara al resto.Sacudí mi cabeza y quité la bandeja de lasaña de entre las manos de mi madre, sirviéndolo a la mesa. Ocupé mi asiento al lado de Udri y mamá hiz
Mi madre soltó una risa que se escuchó suave y de total complacencia. Por supuesto, él le devolvió el mismo gesto, sin saber que lo único que estaba haciendo era incitándose una tortura en contra.Ella no le quitaba el ojo de encima; la sonrisa en su labio tampoco desa parecía, solo aguardaba cada bocado del pelinegro, asegurándose de que no desperdiciara la comida que le había servido. Y él no la defraudaba, tragaba, llenando continuamente su boca como si no hubiera comido antes. Su estómago debía estar rogando clemencia.Mi madre no tardó en retomar la conversación. Se apoyó en las manos, iniciando una avalancha de preguntas que, gracias a Dios, Eiden contestaba sin mucho esfuerzo.—¿A qué se dedican tus padres, hijo?—Mi padre es empresario hotelero, y mi madre es propietaria de un importante grupo bancario internacional.Ella contestó encantada entre elogios y aceptación, saltando rápidamente con otra interrogativa.—Dime Ryan… ¿tienes novia?Casi me ahogo con mi saliva. La expres
No podemos mentir, uno no elige de quién enamorarse. Amar a alguien que no te ama y no tener sentimientos por quien sí lo tiene es una verdad absoluta. Claro, no aplica para todos; algunas personas simplemente conectan como piezas de puzzles, como si estuvieran predestinados a estar juntos. Lo cierto es que no podemos hacer eso, pero hay algo que sí está a nuestro poder: es la elección. No eliges a quién amar, pero sí puedes elegir con quién estar. Sé que, como yo, estás dispuesto a darlo todo por la persona que amas, a colmar de felicidad su vida, pero también necesitamos que alguien nos ame igual, necesitamos que alguien también nos haga feliz. Mientras la secadora hacía lo suyo con mi vestido, desayuné con Eiden entre risas y pesadas bromas. No estaba reconociendo a la persona que tenía enfrente. Para mí, Eiden era el chico molesto que se metía en lo que no debía, el muchacho bipolar que tenía frialdades y líneas de expresiones imposibles de descifrar. Jamás pensé que también podr
—¿Pasa algo, Eiden?Avanzó un paso. Eché un rápido vistazo a mi alrededor, debatiendo entre retroceder y no hacer nada. Opté por la segunda, pero enseguida me arrepentí. Eiden me tomó de la cintura y estampó sus labios en los míos sin darme tiempo a reaccionar. No tenía la postura de quien temía repercusiones por un descaro como ese; lo hizo confiando en que correspondería. Y no es que le quisiera dar el gusto, pero ¿cómo se rechaza eso?Sus labios con los míos danzaron con una lentitud electrizante. Por un segundo, mis piernas fallaron, pero él me sostuvo. Los minutos corrieron uno detrás de otro, mas no me soltó. Al ver eso, quise alejarlo, pero su agarre se hizo más fuerte.—Tus labios son tan dulces —susurró de pronto, sin interrumpir el contacto—. Es... es una lástima que él no lo sepa.Su aliento huía de mi boca a la suya, y los míos, como buenos imitadores, le seguían el paso. Las ropas mojadas dejaron de hacerse sentir, dándole paso a un calor que nos rodeó en un íntimo ritual










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