Mundo ficciónIniciar sesiónAyling lleva años escondiendo un amor imposible: el chico que parece inalcanzable, el que la mira como si pudiera leerle el alma. Cuando por fin empieza a acercarse a él, con la oportunidad de estar en esa relación que siempre quiso, su mundo se detiene con una confesión inesperada: su mejor amiga también está enamorada del mismo muchacho, y por si no fuera poco, le pide ayuda para conquistarlo. Entre la lealtad y el deseo, Ayling elige callar sus sentimientos, convencida de que sacrificar su corazón es la única forma de no perder a quien considera una hermana. Pero mientras intenta ignorar lo que siente, descubre que nada es tan sencillo cuando el destino está en medio de las elecciones diarias y que no todos tienen la voluntad de perder para conservar el sentimiento de otros, como ella.
Leer másLa sala que antes era un desorden de estrepitosas risas burlonas y comentarios mordaces, quedó suspensa en un silencio sepulcral.Eiden, al principio, no me correspondió. Mantuvo los labios tensos. Su cuerpo estaba como una estatua, incapaz de decidir por sí mismo. En vista de eso, esperé un empujón, una acción que desbordara la humillación, pero no hizo nada de eso. Al contrario, luego de que saliera por fin de su trance, subió las manos lentamente por mi cintura, uniendo la humedad de su boca con la mía.Lo que sentí fue mucho más inquietante que la situación misma. Un fuego ardiente subió desde mi vientre a mi pecho. Mis extremidades temblaron, presas de una sensación difícil de explicar. Me alejé de golpe, como si de repente el contacto me quemara. Respiré agitada. No me atreví a mirar a Zoe ni mucho menos a Ryan, cuyas risas habían desaparecido por completo.Salí corriendo hacia la salida, sin mirar atrás. Empujé la pesada puerta, lanzándome al exterior de la inmensa casa. Como s
El chico se removió incómodo en su sitio. Un rojo carmesí se extendió por su cuello hasta teñir sus orejas y mejillas del mismo color.—Yo… —titubeó, bajando la mirada—. Supongo que elegiré a... —fue interrumpido por una avalancha de insultos. Los demás estaban impacientes por una respuesta.Jimin sonrió incómodo. Acomodó su corbata y tragó saliva, elevando la mirada al rostro de cada persona a su alrededor.—¡Apresúrate, amigo! No eres el único jugador —gritó alguien.Los demás soltaron una carcajada, uniéndose al ataque contra él. Incluso Zoe lo miraba de mala gana.La mirada nerviosa del chico vagó otro rato antes de chocar directamente con la mía. Yo abrí los ojos a la par y hasta estuve a punto de alejarme del montón antes de que se le ocurriera señalarme, pero, gracias a Dios, murmuró el nombre de una chica pelirroja que estaba al otro extremo. En ese momento, mi alma volvió a mi cuerpo.Desataron una oleada de silbidos y risas escandalosas.—¡No salgas de aquí sin su número, q
El ruido ensordecedor de la música en la casa de Marcos nos recibió desde antes de aparcar. Adentro de la inmensa casa, la mezcla de los diferentes perfumes estallaba en el aire junto con los olores a sudor. Y ni hablar del alcohol. No lo planeé, pero los recuerdos de la última vez de lo sucedido con Eiden se aventaron en mi mente; incluso sentí que mi cerebro recordaba más de lo que pasó. Fue extraño. Zoe giró el rostro repetidamente, moviendo su cabellera rubia por todos lados, tratando de divisar a Ryan. Yo permanecí tranquila a su lado, fingiendo que no quería hacer lo mismo. —Oh, no, no podré hacer eso sobria —soltó mi mano, gritando por encima de la música para que la escuchara—. Necesito un trago. No me dio tiempo a sugerirle que no lo hiciera. Se escabulló hacia una mesa improvisada que servía de barra, cerca de la escalera que se perdía en lo alto. Tuve que seguirla a tropezones, esquivando personas aquí y allá, bailando y compartiendo más que sus labios. Cuando por fin l
Luego de unas horas, Zoe estacionó frente a mi casa. Tomé las bolsas sin mucho ánimo. Cómo deseaba desmayarme hasta mañana.—¿Qué te vas a poner?—No tengo idea.—Puedes ponerte el vestido rosado que compraste. Te hace lucir como una muñequita —sugirió, arrebatándome la bolsa para sacar el vestido, dándole peso a su comentario—. Por la forma que tiene, combina con cualquier calzado.—Ah —resoplé—. Unos vaqueros y una sudadera estarán bien para mí.Zoe negó con frenesí.—Ni se te ocurra.—Solo estaba bromeando. Llegando a casa seleccionaré algo adecuado. De todas formas… —sonreí con picardía, o eso intenté—, tú eres la protagonista de la noche.Sus mejillas cambiaron de color casi al instante. Danzó las cejas con la misma expresión y luego estalló en una carcajada.—Bueno, bueno, ya me voy. Pasaré por ti a las ocho, más te vale estar lista.—Conduce con cuidado —me despedí, bajando del coche.Esperé perderla de vista antes de entrar a casa. La sonrisa en mi rostro se desvaneció con un
Último capítulo