Mundo ficciónIniciar sesiónAyling lleva años escondiendo un amor imposible: el chico que parece inalcanzable, el que la mira como si pudiera leerle el alma. Cuando por fin empieza a acercarse a él, con la oportunidad de estar en esa relación que siempre quiso, su mundo se detiene con una confesión inesperada: su mejor amiga también está enamorada del mismo muchacho, y por si no fuera poco, le pide ayuda para conquistarlo. Entre la lealtad y el deseo, Ayling elige callar sus sentimientos, convencida de que sacrificar su corazón es la única forma de no perder a quien considera una hermana. Pero mientras intenta ignorar lo que siente, descubre que nada es tan sencillo cuando el destino está en medio de las elecciones diarias y que no todos tienen la voluntad de perder para conservar el sentimiento de otros, como ella.
Leer más—¿Pasa algo, Eiden?Avanzó un paso. Eché un rápido vistazo a mi alrededor, debatiendo entre retroceder y no hacer nada. Opté por la segunda, pero enseguida me arrepentí. Eiden me tomó de la cintura y estampó sus labios en los míos sin darme tiempo a reaccionar. No tenía la postura de quien temía repercusiones por un descaro como ese; lo hizo confiando en que correspondería. Y no es que le quisiera dar el gusto, pero ¿cómo se rechaza eso?Sus labios con los míos danzaron con una lentitud electrizante. Por un segundo, mis piernas fallaron, pero él me sostuvo. Los minutos corrieron uno detrás de otro, mas no me soltó. Al ver eso, quise alejarlo, pero su agarre se hizo más fuerte.—Tus labios son tan dulces —susurró de pronto, sin interrumpir el contacto—. Es... es una lástima que él no lo sepa.Su aliento huía de mi boca a la suya, y los míos, como buenos imitadores, le seguían el paso. Las ropas mojadas dejaron de hacerse sentir, dándole paso a un calor que nos rodeó en un íntimo ritual
—Nos vamos a resfriar —suspiré derrotada. No estaba lista para otra confesión.Él asintió, esbozando una pequeña sonrisa. Soltó un suspiro profundo, dejando ir el aire que, al parecer, estaba conteniendo. Hizo el ademán de quitarse la chaqueta, pero se retractó al instante y volvió a reír.—¿Qué es tan gracioso?—Quiero protegerte del frío, pero la chaqueta es un desastre —contestó, dejando caer las manos al costado—. Supongo que será a la próxima.—Vámonos de aquí.Tomé su derecha, llevándolo al camino que antes me costaba recorrer. Apretó mi mano bajo las suyas sin dudar y caminó a mi lado, esquivando los charcos que la lluvia había dejado a su paso. Rápidamente llegamos a su auto. Abrió la puerta del copiloto y me invitó a ingresar; hizo lo mismo al lado contrario. Activó previamente la calefacción y nos puso en marcha.El silencio reinó al instante entre nosotros. Fue una quietud de esas que aparecían cuando daba miedo arruinar el momento.La escena bajo la lluvia regresó a mi men
De nuevo sentí que estaba expuesta frente a todos los de la fiesta. Era muy probable que algunos estuvieran acechando desde una esquina, o eufóricos en la fiesta aguardando noticias del pelinegro. Pero claro, no podía echarles toda la culpa; yo fui la tonta que decidió venir a ese lugar.—Ayling, entiendo que estés alterada, pero a mí no me importa lo que cualquiera de esos idiotas piense.Su voz estaba cargada de enojo. —¡Pues debería importarte! Son tus amigos.—No, no me importan.Y rompió mi advertencia. Dio ese paso que le había prohibido dar. No pude evitar sentirme intimidada por la determinación en sus ojos. Giré el cuello hacia un lado, viendo el camino que debía recorrer, pero que, sin embargo, mis piernas no se decidían alcanzar. Mi corazón sacudió mi pecho con violencia, y empecé a menear la cabeza de lado a lado. Me negaba aceptar lo que decía.—Ayling, mírame —subió las manos a mis mejillas, obligándome a acatar la petición—. No sé qué nombre ponerle a esto que siento,
La sala que antes era un desorden de estrepitosas risas burlonas y comentarios mordaces, quedó suspensa en un silencio sepulcral.Eiden, al principio, no me correspondió. Mantuvo los labios tensos. Su cuerpo estaba como una estatua, incapaz de decidir por sí mismo. En vista de eso, esperé un empujón, una acción que desbordara la humillación, pero no hizo nada de eso. Al contrario, luego de que saliera por fin de su trance, subió las manos lentamente por mi cintura, uniendo la humedad de su boca con la mía.Lo que sentí fue mucho más inquietante que la situación misma. Un fuego ardiente subió desde mi vientre a mi pecho. Mis extremidades temblaron, presas de una sensación difícil de explicar. Me alejé de golpe, como si de repente el contacto me quemara. Respiré agitada. No me atreví a mirar a Zoe ni mucho menos a Ryan, cuyas risas habían desaparecido por completo.Salí corriendo hacia la salida, sin mirar atrás. Empujé la pesada puerta, lanzándome al exterior de la inmensa casa. Como s
Último capítulo