Mundo ficciónIniciar sesiónAyling lleva años escondiendo un amor imposible: el chico que parece inalcanzable, el que la mira como si pudiera leerle el alma. Cuando por fin empieza a acercarse a él, con la oportunidad de estar en esa relación que siempre quiso, su mundo se detiene con una confesión inesperada: su mejor amiga también está enamorada del mismo muchacho, y por si no fuera poco, le pide ayuda para conquistarlo. Entre la lealtad y el deseo, Ayling elige callar sus sentimientos, convencida de que sacrificar su corazón es la única forma de no perder a quien considera una hermana. Pero mientras intenta ignorar lo que siente, descubre que nada es tan sencillo cuando el destino está en medio de las elecciones diarias y que no todos tienen la voluntad de perder para conservar el sentimiento de otros, como ella.
Leer másRetrocedí un paso, otro paso y otro más. Al regresar a casa, subí las escaleras rápidamente. Como mi mamá seguía en la sala, fingí huir de ella, pero en realidad fue para ocultar las lágrimas rebeldes que descendían por mis mejillas, a pesar de que traté de detenerlas.Cerré la puerta de la habitación detrás de mi espalda. Mi corazón pareció quedar en el pasillo, deseoso de ir detrás de los ilusos recuerdos desechados.Tomé asiento frente al escritorio, alargué la mano a mi celular y marqué el número de Zoe. Contestó casi al instante.—¡Ayling, amiga! —esa era la Zoe que conocía. Siempre fresca y energética.—Hace tiempo no te escuchaba así —confesé, recargándome en mi asiento—. ¿Qué andas haciendo?Esbozó una risita pícara antes de contestar.—Estoy con Ryan —susurró, conteniendo el entusiasmo, como si no quisiera que él supiera que hablaba de él—. Vino a mi casa desde esta mañana con el pretexto de necesitar ayuda con una tarea, y no se ha ido —soltó una risa igual de contenida—. Ta
Salí luego de hacer tres respiraciones profundas. Estuve más calmada después de eso, mi letra no mejoró, pero mi mente descansó un rato. Eso para mí era más que suficiente.Al finalizar las clases, fui la primera en salir. Vayolet, al verme, se apresuró a mi espalda para seguirme el paso. No sé si se dio cuenta del manicomio que era mi mente, pero no volvió a sacar el tema y me ayudó a distraerme con chistes sin sentido y tips de escritura.—No siempre escribo tan mal, Vayo.—Lo sé, pero la maestra Bridton es muy estricta con eso.—Y yo que pensaba que estabas muy concentrada en tus apuntes y resulta que estabas espiando mi libreta.—Culpa a tu caligrafía —acusó entre risas—. Sí estaba prestando atención a la clase, pero siempre echándote un ojo para que no escribieras en arameo antiguo.—Oye...Le di con el bulto en la espalda. Ella se escabulló con prisa, corriendo por todo el pasillo, y yo me eché tras ella, abriéndome paso entre los cientos de estudiantes que iban y venían. Minuto
La mañana siguiente llegó apenas junté los párpados. El tiempo que dormí fue corto, pero a pesar de eso desperté con mucho entusiasmo; tenía mucho tiempo sin sentirme así.Me aseé vistiéndome con la ropa que había apartado para ir a la universidad: un pantalón sastre y una blusa verde con escote en V. En mis pies, unas zapatillas blancas. Compartí el desayuno con mi familia y luego salí directo a la facultad. Al llegar, crucé el primer pasillo yendo a las escaleras; en el último escalón me encontré con Eiden. Nos detuvimos un instante, sin decir nada.El silencio se estiró entre nosotros como una línea fina e invisible, y después, bajó el último escalón siguiendo su camino. Siguió bajando como un completo desconocido.Se formó un nudo en mi estómago. La chispa de entusiasmo que me había acompañado desde que amanecí esta mañana se vio ligeramente interrumpida por el trato recibido. Me quedé parada un segundo más mientras escuchaba el sonido de sus pasos alejarse. Tuve que reaccionar. S
—Tu madre es muy agradable —comentó Ryan apenas se ausentó mi mamá—. Me cae bien.—Es algo intensa.Miré a Eiden por el rabito del ojo; lo vi tenso, sobándose las mejillas, un poco confundido. Cuando nuestras miradas se cruzaron, bajó las manos y volvió a su asiento.—Bueno, iniciemos con la tarea antes de que se haga más tarde —sugerí—. Estuve repasando mis apuntes. Me pareció bien hacer un resumen de los temas que les tocó a ustedes para poder guiarme.—A Ryan es a quien le toca introducir el tema, y obviamente quien tendrá que dar cierre a la exposición de cada uno.—Lo sé, Zoe. Lo hice para guiarme yo, no para el grupo en sí —tomé asiento en el suelo, juntando ambos muslos con las piernas separadas—. Igual, nuestra exposición debe seguir un orden lógico y entrelazado para que el maestro note el aporte de todos.—Es verdad —asintió Ryan—. Y que no se nos olvide, el profesor Patrick ama hacer preguntas. Hay que estar preparados.Terminando de decir lo que dijo, avanzó hacia la mesit





Último capítulo