Me dejé caer de espaldas a la cama, con la vista fija en el techo. La sonrisa que me provocó Ryan fue reemplazada por una mueca de ansiedad. El comportamiento de Eiden era tan extraño que, de solo imaginarlo en un espacio conmigo en donde estuviese Ryan, era asfixiante.
Pasé la noche dando vueltas entre las sábanas. Cada vez que cerraba los ojos, el sueño de la mañana regresaba, mezclándose con la realidad de su agarre en mi muñeca y el olor de su chaqueta.
El día siguiente llegó justo al conci