Ryan regresó con las bebidas, y al instante se rompió la tensión. En lo que ocupaba su asiento, su brazo rozó el mío en un contacto mínimo que me provocó una punzada de dolor.
—¿Saben? —dijo, abriendo su lata—. Estaba pensando en lo que dijo Ayling sobre la negación. Me recuerda a esa fiesta de anoche. Fue una locura, ¿verdad?
Casi me atraganto con mi propia saliva. Eiden se quedó inmóvil, con la lata a medio camino de la boca.
—Una locura total—Zoe contestó—. Ryan y yo nos quedamos bailando