Ryan regresó con las bebidas, y al instante se rompió la tensión. En lo que ocupaba su asiento, su brazo rozó el mío en un contacto mínimo que me provocó una punzada de dolor.
—¿Saben? —dijo, abriendo su lata—. Estaba pensando en lo que dijo Ayling sobre la negación. Me recuerda a esa fiesta de anoche. Fue una locura, ¿verdad?
Casi me atraganto con mi propia saliva. Eiden se quedó inmóvil, con la lata a medio camino de la boca.
—Una locura total—Zoe contestó—. Ryan y yo nos quedamos bailando —danzó ambas manos al aire—, fui a buscarte, Ayling, y ya no estabas. Ryan me dijo que te habías sentido mal.
—Sí —asintió él—. Estaba muy mareada. La ayudé a salir para que tomara aire, y dijo que llamaría a un taxi para irse a casa.
Mi mente trabajó a mil por hora. Ryan me ayudó. Ryan sabía que yo no estaba bien. Pero, ¿en qué momento aparecí en una cama con Eiden?
Como si me leyera la mente, añadió:
—No podía dejar sola a Zoe, entonces le pedí a Eiden que te llevara a casa, Ayling, pero como