Esperé en silencio mientras mi madre servía la comida. Mis ojos contemplaban la oscuridad que se mezclaba ligeramente con la claridad que cada vez se veía menos. El aroma de la comida pareció querer hacer lo mismo conmigo; sin embargo, el nudo persistente en mi estómago se hacía notar más en lugar de desaparecer.
Comí sin mucha hambre. Mamá hablaba de algunas trivialidades a las que apenas prestaba atención: que si el vecino, el precio de las verduras o de esa telenovela que de vez en cuando le