Pusimos manos a la obra después de que trajo el agua. También trajo bebidas y aperitivos y los dejó encima de la mesa donde ambos estábamos apoyados desde el piso.
—¿Qué tanto has avanzado? —pregunté, separando los muslos y juntando ambas piernas—. Por como me quitaste el libro, espero que tengas resuelta tu parte.
Anotó algo en su cuaderno, esbozando una sonrisa apenas perceptible; luego alzó la mirada a la mía.
—Entonces te tendré bien satisfecha —contestó por fin—. Leí dos veces el libro; mi