Mundo ficciónIniciar sesiónEn Graland del Norte, un omega puede ser muchas cosas: Un símbolo de esperanza, una garantía de paz, un líder o una simple moneda de cambio. Kallias Grevyre fue criado para heredar poder, no para entregarse. Pero cuando su reino se ve al borde del colapso, su destino queda atado a una alianza con Astraria, una nación donde los omegas no gobiernan; ellos se someten o desaparecen. A través de este acuerdo, él terminará a merced de la corona astrariana y su prometido no es otro que Marcus Gaïos Ralodi. Marcus es un alfa y el heredero del trono astrariano, símbolo de un sistema que desprecia todo lo que Kallias representa. Frío y calculador, Marcus puede ser el monstruo perfecto o un cruel salvador. Entre secretos del pasado, tensiones políticas y un vínculo que desafía todo lo que creen saber sobre el deber, el linaje y el deseo, Kallias tendrá que luchar no solo por su vida, sino por su identidad. Porque en Astraria, un omega como él no tiene derecho a alzar la voz y mucho menos, a sentir algo más que odio por su enemigo.
Leer más—Buenas tardes a todos —saludó el con una mueca en los labios, mirando a cada uno de los presentes con aparente tranquilidad—. He de imaginar que ustedes, tan distinguidos caballeros, son el gran y honorable concejo de Astraria. —Príncipe Kalllas —Llamó suavemente el rey Richard, el hombre estaba teniendo problemas para encontrar su lengua con tal imagen—. ¿Qué fachas son estas? Kallias de miró a sí mismo, como si ya no supiera qué tan mal de veía. Se pasó las manos por la ropa pintada de barro e irguió la espalda con toda la dignidad que pudo. —Oh, lamento presentarme así, Rey Richard —se pasó la mano por el cabello y inclinó hacia adelante como si tuviera un secreto que contar—. Sin embargo, después de ser arduamente persiguido por un lunático a caballo, creo que comprenderá que se hago lo que puedo. —Kallias —Marcus se levantó, la conmoción aún barriendo sus facciones mientras se acercaba al omega. Él no perdió tiempo en cerrar la distancia, detenido por un potente golpe en su
—Mi señor. Kallias se detuvo en el pasillo. Una joven de cabello castaño y mirada tímida, vestida con el uniforme de la servidumbre. —¿Necesitas algo? —Tengo la orden de llevarlo conmigo, alteza —dijo, manteniendo la cabeza baja y las manos entrelazadas en su bajo vientre—. El príncipe Marcus ha solicitado su presencia en la capilla real del palacio. —¿La capilla real? —ladeó el rostro—. No tenía al príncipe Marcus por un hombre tan dévoto de los Dioses. —No hago más que seguir órdenes mi señor —la joven se inclinó un poco más y después alzó la vista. Sus mirada eran suave y sus ojos de un bonito castaño—. Si fuera usted tan amable de acompañarme, por favor. Kallias se lamió los labios y apretó los labios mirando alrededor. Bien, podría no ir, de hecho no quería, pero entonces tendría que oír a Marcus quejarse por una eternidad y con él, al rey. Lo último que necesitaba eran problemas. No más de los que ya tenía de todos modos. Así que Kallias miró de nuevo a la mujer por un mo
Kallias detuvo el paso, mirando alrededor con la curiosidad palpando en su mente. El camino empedrado iba desde poco más allá de la entrada del palacio y se extendía en una pequeña elevación hacia los jardines de la reina.Era hermoso, lleno de flores coloridas y aromas que lo hacían flotar en el momento. El sol iluminaba suave y cálidamente alrededor de todo Qaram, permitiéndole disfrutar del momento.—¿Algo interesante que ver, príncipe Kallias?El omega sonrió, sin apartar la vista de las rosas.—Es un lugar hermoso —giró lentamente, mirando a los ojos de la reina—. Debe sentirse muy orgullosa.—Lo hago —Los ojos de Marie brillaron acompañados de una pequeña sonrisa—. Es mi lugar favorito en todo el castillo... el único que me pertenece.Kallias no dijo nada y Marie alzó el mentón como si tuviera una conversación muy seria con sí misma.—El rey me ha pedido ayudarte con tu integración al palacio —dijo—. Quiere que te sientas como en casa, si alguna vez podrías considerar Astraria c
La oscuridad lo envolvía como un manto húmedo y Kallias corría sin control por un pasillo que parecía alargarse hasta el infinito, donde las paredes se curvaban y susurraban nombres que no recordaba. Sus pasos no producían sonido, pero sentía que cada movimiento era seguido por algo invisible. El aire era denso, mezclando tierra húmeda y hierro, y un frío que penetraba hasta los huesos lo obligaba a estremecerse. Gritos apagados surgían de la nada. Figuras sin rostro caían a su alrededor, cada una más temible que la anterior. Intentó tocar a alguien, gritar, pero su voz se perdía como humo entre la oscuridad. Una sombra más cercana lo alcanzó, rozándole el hombro, y un olor a ceniza quemada llenó sus fosas nasales. Kallias tropezó y cayó, sintiendo el suelo moverse bajo él, como si estuviera flotando entre niebla y sombras que querían devorarlo. De repente, una mano fría y rígida lo agarró por la muñeca, tirando de él hacia un vacío que no tenía fondo. Un coro de lamentos reson
Último capítulo